Palestina sin esperanza
Israel vota entre Netanyahu y otro bloque belicista
El oficialismo enfrenta divisiones internas y presiones de sus socios ultraortodoxos y nacionalistas. Los sondeos proyectan una elección reñida.
Internacionales
27/10/2026 - 13:30hs
Israel acude este martes a las urnas en sus primeras elecciones parlamentarias tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y cuyo devenir pasa por elegir nuevamente a Benjamin Netanyahu, el primer ministro más longevo de su historia, u optar por una coalición sionista de centroderecha con un marcado cariz militar.
El Likud de Netanyahu aspira a repetir fórmula de gobierno junto a la derecha supremacista religiosa --cuya cara más visible es el ministro Itamar Ben Gvir-- y partidos ultraortodoxos. Frente a ellos, se perfila un bloque encabezado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot (Yashar!), con la derecha nacionalista de Beyajad; y Los Demócratas, considerados de izquierda en Israel y liderados por Yair Golán, otrora subjefe del Estado Mayor.
Desde que Netanyahu asumiera nuevamente el poder en 2022, Israel ha profundizado una fractura social entre religiosos y seculares, con el instinto nacionalista también en su máxima expresión tras los ataques del grupo islamista Hamas hace tres años, en los que murieron unos 1.200 israelíes y 251 fueron secuestrados.
La represalia israelí, calificada como “genocidio” para un comité independiente de la ONU, organizaciones de derechos humanos y partes de la comunidad internacional, conllevó también un creciente aislamiento internacional de Israel, país que en el último año inició con Estados Unidos una guerra contra Irán de escala regional, ha ocupado el sur de Líbano y sigue presionando en la frontera siria.
Contexto bélico
En ese marco de convulsión, las últimas encuestas --publicadas el pasado viernes-- arrojan que ambos bloques estarían prácticamente empatados, con entre 52 y 56 escaños para los opositores y 50 para la actual coalición de Gobierno, lejos de la cifra mágica de 61 escaños en el Parlamento necesaria para poder gobernar.
Un total de 7,3 millones de israelíes están llamados a votar --incluidos 810.000 residentes en el exterior que deben viajar para ejercer su derecho al sufragio-- en unas elecciones que han contado con una campaña electoral particularmente discreta, en la que Netanyahu ha sido protagonista de escasos actos públicos.
Sí ha agitado, en cambio, con sus declaraciones el avispero bélico con Irán. Una semana antes de las elecciones, cazas israelíes sobrevolaron Siria e Irak hasta la frontera iraní, mientras medios como Financial Times o Axios apuntaban que Netanyahu había solicitado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reanudar los ataques contra el país persa antes, lo que el político republicano descartó por el momento.
Y el pasado viernes Netanyahu anunció una operación militar en Cisjordania después de un ataque armado perpetrado por dos palestinos contra un puesto de control israelí en Hebrón, que se saldó con dos soldados de las FDI y los dos atacantes muertos.
Las divisiones internas
Durante la campaña, Netanyahu ha mantenido que su coalición debe seguir en el poder para acabar definitivamente con la “amenaza nuclear iraní” y se ha ufanado del apoyo público de Trump hacia su candidatura. Pero más allá del apelativo de “gran guerrero” con el que Trump lo respaldó, Netanyahu --aún hoy implicado en tres casos de corrupción-- enfrenta divisiones con sus socios de gobierno.
Por un lado, los partidos ultraortodoxos amenazan con retirarle el apoyo si continúa deteniendo puntualmente a jóvenes jaredíes desertores y, por otro, la formación radical sionista Poder Judío lo ha atacado por no comprometerse a entregar el ministerio de Defensa a su líder, Itamar Ben Gvir, si ganan las elecciones.
Gvir, acompañado de políticos ultranacionalistas como Moshe Feiglin, entró este lunes en la Explanada de las Mezquitas, el tercer lugar más sagrado para el islam, para rezar por una victoria electoral; en un gesto que palestinos y países árabes vecinos consideran una provocación. El ministro de Seguridad Nacional había publicado, poco antes, en sus redes una imagen de él mismo orando en el Muro de las Lamentaciones --anexo a la Mezquita de Al Aqsa-- junto al texto: “Rezando por el éxito de la derecha y del pueblo de Israel”.
En un mensaje, la Gobernación de Jerusalén, entidad administrada por la Autoridad Palestina, condenó la visita de los radicales a este templo situado en la Ciudad Vieja de Jerusalén Este, bajo ocupación militar israelí, al igual que Cisjordania, desde 1967. Hamas también emitió un comunicado, en el que aseguró que la visita del ministro “constituye una descarada maniobra electoral”.
La oposición
Mientras, desde el bloque opositor, el general Eisenkot se ha consagrado en su bajo perfil y en un discurso basado en sus dos grandes caballos de batalla contra Netanyahu: llevar a cabo una investigación independiente de las supuestas negligencias que derivaron en el 7 de octubre, y el compromiso de obligar a los ultraortodoxos a hacer el servicio militar.
Tan solo la Lista Conjunta y la Lista Árabe Unida, integradas por palestinos que quedaron dentro de territorio israelí tras la guerra de 1948, proponen alternativas para la ocupación de Cisjordania y la devastación en Gaza. Las últimas encuestas otorgan a ambas listas en torno a 14 escaños que resultarán clave para formar gobierno porque, aunque los dos grandes bloques se hayan negado a integrar en sus coaliciones a partidos árabes, ante un previsible escenario de empate, el elefante en la habitación es saber cuál de los dos dará su brazo a torcer para alcanzar el poder.