LUXURY
El departamento más alto del mundo sigue sin comprador: cuesta US$ 51 millones y está a 460 metros de altura
La propiedad ofrece casi 2.000 metros cuadrados, vistas panorámicas de 360 grados y un ascensor privado. Quien la adquiera deberá invertir varios millones de dólares adicionales para finalizarla.
El edificio más alto del planeta alberga también la residencia ubicada a mayor altura del mundo. Se trata del denominado "Sky Palace", un espectacular dúplex de casi 2.000 metros cuadrados situado en los pisos 107 y 108 del Burj Khalifa, en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, que permanece a la venta por 51 millones de dólares, aunque todavía no encontró comprador.
La propiedad se encuentra a más de 460 metros sobre el nivel del suelo, desde donde ofrece una vista panorámica de 360 grados sobre la ciudad de Dubái, el desierto y el Golfo Pérsico. Sin embargo, su principal particularidad es que se comercializa completamente sin terminar, bajo la modalidad conocida en el mercado inmobiliario de lujo como "shell & core".
Esto significa que la estructura, las fachadas y las instalaciones principales ya fueron ejecutadas, pero el interior permanece totalmente vacío, permitiendo que el futuro propietario diseñe cada ambiente según sus gustos y necesidades.
Lejos de tratarse de una desventaja, esta característica resulta especialmente atractiva para el segmento del ultra lujo, donde los compradores buscan residencias exclusivas y completamente personalizadas.
El proyecto contempla espacios de gran tamaño que podrían transformarse en dormitorios con ventanales de piso a techo, livings de doble altura, salas de cine privadas, gimnasios, bodegas, oficinas, piscinas interiores y áreas de entretenimiento. No obstante, el diseño final quedará íntegramente en manos del comprador.
La vivienda ya cuenta con algunos elementos difíciles de encontrar incluso en las propiedades más exclusivas del planeta, entre ellos un ascensor privado, piscina interior, doce plazas de estacionamiento y acceso independiente dentro del complejo residencial.
Además, sus propietarios podrán acceder a todos los servicios premium que ofrece el Burj Khalifa, como gimnasio, spa, piscinas, salones privados, seguridad permanente y servicios de hotelería de primer nivel.
El inmueble pertenece actualmente a Karl Haddad, quien lo adquirió en 2020 al empresario Mohamed Alabbar, fundador de Emaar Properties, la desarrolladora responsable del icónico rascacielos. Su intención era completar la residencia, aunque finalmente decidió venderla al no disponer del tiempo necesario para llevar adelante un proyecto de semejante magnitud.
Los especialistas estiman que quien adquiera el dúplex deberá invertir alrededor de 5 millones de dólares adicionales para finalizar la obra, incluyendo climatización, revestimientos, iluminación, domótica, carpintería, mobiliario y decoración. El proceso podría demandar entre uno y dos años, dependiendo del nivel de personalización elegido.
Pese a ello, la propiedad ha despertado el interés de empresarios estadounidenses, ejecutivos tecnológicos, deportistas y figuras vinculadas a Hollywood, atraídos por la posibilidad de poseer una residencia literalmente irrepetible.
El Burj Khalifa, inaugurado en 2010, continúa siendo el edificio más alto del mundo con 828 metros de altura y más de 160 pisos. Diseñado por el arquitecto estadounidense Adrián Smith, reúne cerca de 900 residencias, oficinas, el Hotel Armani, restaurantes, gimnasios, piscinas, spas y plataformas de observación que reciben millones de visitantes cada año.
Aunque el precio del "Sky Palace" impresiona, no representa el récord inmobiliario de Dubái. En los últimos años, otras propiedades de ultra lujo, especialmente en Palm Jumeirah y Como Residences, superaron ampliamente esa cifra, alcanzando valores cercanos a 136 millones de dólares.
Mientras continúan las consultas de potenciales compradores provenientes de distintas partes del mundo, el departamento más alto del planeta sigue siendo un gigantesco espacio de hormigón y vidrio suspendido sobre el horizonte de Dubái, esperando al propietario dispuesto a convertirlo en una residencia única.