Lula se recupera en la recta final
Desde el resultado sorpresa —dado que ningún instituto de investigación lo había previsto, en la primera vuelta, con una ventaja de menos del 2%, el escenario político brasileño pasó a considerar la posibilidad de que él ganara las elecciones en segunda vuelta.
Grupos políticos chicos, supuestamente de centro, han adherido a Flávio. Las bolsas de valores y el precio del dólar han expresado su descontento/agrado, subiendo el uno, bajando el otro. El gran empresariado ha pasado a superar el susto de una eventual reelección de Lula.
Pero, a la vez, sectores democráticos, incluso de centro, han empezado a asustarse, incluidos medios de comunicación, con las consecuencias eventuales en contra de la democracia que advendrían de un posible gobierno de extrema derecha en el país.
Pero la más grande reacción ha venido, de forma sorprendente, del movimiento popular, esta vez de una forma insospechada. Las encuestas decían que los jóvenes serían los menos interesados en la política y que, incluso, estarían más propensos a votar por Flávio que por Lula.
Pero, de repente, explotó en el país otra reacción, con las más grandes manifestaciones populares que Brasil jamás ha conocido, dirigidas justamente por jóvenes. Demostraron que su supuesto desinterés era hacia la política tradicional. Pero cuando se dieron cuenta de que sus libertades, sus derechos individuales, estarían hondamente afectados por una eventual victoria de la extrema derecha, han salido, de forma espectacular, por todo el país, para manifestar su apoyo a Lula y su defensa de la democracia.
Las manifestaciones se dieron en São Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Bahía, pero llegaron a prácticamente todas las regiones de Brasil. Nunca se había visto algo así en el país. Varios millones de personas, incluso en las provincias más derechistas, según el resultado electoral de pocos días antes, salieron espectacularmente a las calles de ciudades grandes, medianas y chicas.
Con música, como es característico de todo lo que es importante en Brasil, con manifestaciones que más se acercan al carnaval, pero esta vez con un hondo sentido político, expresando su bronca en contra de Bolsonaro y su apoyo a Lula y a la democracia.
Después de que las encuestas habían apuntado que Flávio tendría una ventaja de 4 puntos sobre Lula, esas manifestaciones empezaron a demostrar que había un vuelco en la situación política. Al punto de que los grandes medios de comunicación, que espantosamente habían tratado de esconder las gigantescas concentraciones, han sido obligados a expresarlas, aun de manera modesta y casi avergonzada.
Hasta que nuevas encuestas han tenido que expresar el cambio de la situación política y de la opinión pública, refugiándose en el empate técnico, pero incluso dando un empate numérico entre los dos. Una fotografía de la situación que no expresa la tendencia. ¿Hacia quién se volvería el favoritismo?
Flávio acusó el golpe del rechazo generalizado a su propuesta de «privatizar el 95% de las empresas estatales». Pasó a decir que no va a privatizar ni Petrobras, ni el Banco do Brasil, ni la Caixa Econômica, es decir, las principales empresas estatales.
De su rechazo a las políticas sociales, que serían formas de comprar el voto de los pobres, ha pasado a decir que va a mantener Bolsa Família y otros programas sociales del gobierno de Lula. Esa renuncia y adhesión a políticas de Lula es casi una forma desesperada de decir que esas políticas son vencedoras y que habría que desdecir lo que él ha dicho y adherir a propuestas centrales del gobierno de Lula.
Lo más probable es que el que gane lo haga por una diferencia muy pequeña, lo que apunta a un país dividido según las encuestas. Pero, como se suele decir, la encuesta es una foto. Habría que hacer un análisis de las tendencias, que proyectan el resultado hacia el futuro.
A partir de esa tendencia se puede apuntar a una ligera ventaja de Lula, que llega en condiciones más favorables, con más ritmo y reservas de energía, por las gigantescas manifestaciones populares a su favor que siguen ocurriendo en todo el país.
El desempate, de darse eso, se habría dado por la intervención de las masas en la política. Son diez días decisivos para el destino de Brasil, con consecuencias internacionales también.