La nueva obsesión

Trump le pone precio a Groenlandia: ¿De dónde sale la cifra de 700.000 millones de dólares?

Un grupo de expertos coordinado por la Casa Blanca tasa el territorio aunque no especifica los criterios que ha seguido para llegar a esa cantidad. “Es un precio arbitrario”, sostiene el economista Juan Torres.

Ni una invasión, ni una ocupación, ni tan siquiera el uso de la fuerza militar: el voraz anhelo de Donald Trump por hacerse con Groenlandia podría concretarse en una operación de compraventa. De momento no es más que una posibilidad bastante remota y es probable que ni tan siquiera salga adelante dado el talante del personaje siempre imprevisible, pero la Casa Blanca ya ha puesto precio a la isla más grande del mundo: 700.000 millones de dólares (601.800 millones de euros), según adelantó este miércoles la cadena NBC News.

La tasación de Groenlandia ha sido determinada por un grupo de expertos académicos y exfuncionarios de alto nivel coordinado por Marco Rubio, secretario de Estado, según informa la NBC. Sin embargo, la información no aclara qué criterios se han tenido en cuenta para determinar que la mayor isla del planeta cuesta lo que dice ese grupo de expertos.

“Ese es un precio completamente arbitrario. ¿Cuánto cuesta la soberanía nacional de un territorio? ¿Cuánto cuesta el sentimiento de pertenencia a una tierra? Ponerle precio a Groenlandia es como si yo se lo pongo al amor que siento por mi hija. Trump dice que Groenlandia vale 700 000 millones de dólares, pero podría haber puesto otra cantidad cualquiera. Hubiera valido igual", apunta el economista Juan Torres.

Torres señala a Público que de acuerdo con la ortodoxia económica todo tiene un precio objetivo siempre que haya alguien lo pague. “Sí, se puede calcular lo que valen los recursos naturales de Groenlandia y los beneficios que se pudiera obtener por ellos, pero sigue habiendo elementos inmateriales que no responden a un criterio objetivo", abunda el economista.

Además, Torres sospecha del importe propuesto por la Casa Blanca dado que a lo largo de su historia Estados Unidos ha ampliado buena parte de sus fronteras a golpe de chequera, pero siempre a precios bajos. “No hay un mercado de islas ni de territorios. No en el siglo XXI. Estados Unidos ya compró a Dinamarca las Islas Vírgenes en 1917 y otros territorios antes, en el siglo XIX, a otros países como España, Francia, México o Rusia. Estas compras eran de dominio, por imposición, por la fuerza de un país sobre otro, por lo tanto eran precios de colonización, de dominio, de imperio. Yo pensaba que estábamos en otra etapa de la historia, pero veo que Donald Trump está volviendo a los orígenes”.

El interés de Estados Unidos por Groenlandia no es nuevo, ni tampoco lo es una posible compra, como apunta Torres. A lo largo de los últimos 85 años, Washington nunca ha dejado de mirar de reojo a la isla por su indudable valor estratégico, por sus tierras raras y por sus recursos naturales. De hecho, durante la presidencia de Harry Truman en 1946, Estados Unidos ya hizo una oferta de 100 millones de dólares para quedarse con Groenlandia. La oferta fue rechazada entonces por Dinamarca.

Si Trump está dispuesto a pagar 700.000 millones de dólares por Groenlandia es porque, probablemente, valga más. El think tank American Action Forum (AAF) estima que el valor total de los recursos minerales de Groenlandia asciende a 4,4 billones de dólares (3,79 billones de euros), incluidos el petróleo y el gas, cuya explotación está prohibida desde 2021 por razones ambientales, y las las estratégicas tierras raras.

Pese a que las autoridades de Dinamarca y de Groenlandia descartan que esté en venta, medios y analistas internacionales ven plausible ese escenario a medida que pasan los días. The Economist, por ejemplo, aseguraba hace unos días que una eventual venta no debería descartarse de entrada. Su argumento era que la autodeterminación de Groenlandia “implica también respetar el derecho de sus habitantes a considerar una oferta estadounidense”.

El consentimiento es clave

De entrada, comprar Groenlandia puede parece ser sencillo, pero no lo es. Aunque Trump lograra convencer a daneses y groenlandeses, surge la pregunta de si desde el punto de vista del derecho internacional es legal que un país compre parte del territorio de otro.

La compra de Groenlandia exigiría un tratado internacional entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, además de la autorización de la población groenlandesa. La cesión o venta de un territorio por parte de un Estado soberano a otro Estado está admitido en derecho internacional si las partes están de acuerdo.

“Hay que tener en cuenta que el estatuto actual de Groenlandia. Es un territorio autónomo bajo soberanía danesa, no es simplemente una propiedad de Dinamarca que pueda venderse; tiene su propio Gobierno, Parlamento y tiene autonomía. El consentimiento es necesario para cualquier transferencia. La legislación internacional exige respetar el derecho de los pueblos a decidir libremente su estatus político, la integridad territorial y la soberanía estatal", señala Montserrat Abad Castelos, Catedrática de Derecho internacional público de la Universidad Carlos III de Madrid.

La experta destaca que al amenazar con el uso de la fuerza para hacerse con Groenlandia, Trump estaría violando el derecho internacional.

Además, Montserrat Abad explica que una eventual compra sin contar con el consentimiento del pueblo groenlandés “también violaría el derecho a la autodeterminación, porque el 85% de los groenlandeses se opone a formar parte de Estados Unidos". Sin olvidar, recuerda la experta, “la protección de los pueblos indígenas de Groenlandia, de los inuits”.

Pero antes, Trump debería obtener también el visto bueno de la Cámara de Representantes y del Senado de Estados Unidos. No parece fácil. Dentro de Estados Unidos ya se oyen voces contrarias a la compra, sobre todo por su elevado precio: 700.000 es casi la mitad del presupuesto del Departamento de Guerra para todo un año.

¿Necesita Estados Unidos comprar Groenlandia?

Otros expertos, citados por The New York Times, aseguran por su parte que en realidad Estados Unidos no necesita comprar Groenlandia. El diario neoyorquino contaba el pasado 7 de enero que ya existe un acuerdo poco conocido de la Guerra Fría por el que Estados Unidos ya disfruta de un amplio acceso militar al territorio. De acuerdo con esta información, ese acuerdo permite a Estados Unidos “construir, instalar, mantener y operar” bases militares en toda la isla, así como “controlar aterrizajes, despegues, anclajes, amarres, movimientos y operaciones de barcos, aviones embarcaciones”.

La otra opción que maneja el equipo de Trump sería un pacto de libre asociación con Groenlandia, como los que tiene Estados Unidos con las Islas Marshall o los Estados Federados de Micronesia. En este caso, Washington daría asistencia financiera a Groenlandia a cambio de permitirle una mayor presencia militar en su territorio. Pero con Trump, cualquier cosa es posible.

Pase lo que pase, Monserrat Abad Castelos llega a la misma conclusión que Juan Torres, la de que los territorios no son mercancías: “Una diferencia esencial entre el derecho internacional clásico y el de ahora, el contemporáneo que ahora mismo Trump está haciendo peligrar, es que hoy en día los territorios no son mercancías intercambiables entre Estados, sino que también se conciben como espacios donde los pueblos ejercen su derecho fundamental a la autodeterminación y el territorio. El hábitat es un signo más de la identidad de los pueblos y en este caso los líderes groenlandeses han sido muy claros, no quieren ser estadounidenses. Ese derecho de de libre determinación es ahora un pilar del ordenamiento jurídico internacional".