NOVELAS

La muerte de un hijo: dos novelas exploran el duelo más profundo y una herida que nunca termina de cerrar

Un ensayo del psicoanalista Luciano Lutereau analiza cómo la muerte de un hijo ha sido entendida a lo largo de la historia y encuentra en las novelas El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle, y Desmadre, de Giselle Krüger, dos poderosos relatos que abordan una de las experiencias más devastadoras de la condición humana.

La muerte de un hijo constituye una de las experiencias más dolorosas que puede atravesar una persona y, según plantea el psicoanalista Luciano Lutereau, es una pérdida que desafía incluso al lenguaje. A diferencia de otras formas de duelo, no existe una palabra que designe a quien sobrevive a un hijo, una ausencia que refleja la dificultad histórica para comprender ese sufrimiento.

En un recorrido que combina historia, filosofía, psicoanálisis y literatura, el autor explica que la percepción social sobre la infancia ha cambiado profundamente a lo largo de los siglos. Durante la Edad Media comenzaron a desarrollarse cultos dedicados a los llamados "Santos Inocentes" y al Niño Jesús, mientras que historiadores como Philippe Ariès demostraron que la infancia, tal como hoy se la entiende, es una construcción relativamente reciente.

Durante siglos, los niños fueron representados como adultos en miniatura y recién entre los siglos XVIII y XIX comenzó a consolidarse la idea de una infancia diferenciada, asociada al cuidado, la educación y la protección. Ese cambio modificó también la manera en que la sociedad experimenta la pérdida de un hijo.

Lutereau sostiene que el psicoanálisis, especialmente a partir de Sigmund Freud, profundizó esa transformación al considerar al hijo como heredero, continuidad y proyección del deseo de los padres. Desde esa perspectiva, la muerte de un hijo deja una marca que trasciende la pérdida biológica y afecta la identidad misma de quienes sobreviven.

Para ilustrar esa reflexión, el ensayo analiza dos novelas que abordan el duelo desde perspectivas diferentes.

La primera es "El nadador en el mar secreto", publicada por William Kotzwinkle en 1975 e inspirada en la muerte de su propio hijo durante el parto. El relato sigue a una pareja que esperaba con ilusión el nacimiento de su primer bebé hasta que una complicación inesperada transforma ese momento en una tragedia.

Con una escritura breve y profundamente emotiva, la obra muestra la impotencia del padre frente al sufrimiento de su esposa y el vacío que deja una vida apenas comenzada. La novela evita las explicaciones y se concentra en el impacto emocional de una pérdida imposible de reemplazar.

La segunda obra es "Desmadre", de la escritora argentina Giselle Krüger. En este caso, la historia comienza cuando una mujer embarazada descubre durante un control médico que el bebé que esperaba ya no tiene latidos.

A partir de esa situación se desarrolla un complejo proceso de duelo atravesado por la culpa, la negación y la búsqueda de sentido. Paralelamente, la novela presenta la historia de una obstetra cuya madre padece Alzheimer y encuentra compañía en un bebé Reborn, estableciendo un sugestivo diálogo entre la maternidad, la pérdida y la memoria.

Según Lutereau, el gran aporte de Desmadre consiste en explorar la dimensión psíquica del deseo de ser madre y cómo la ausencia de un hijo puede convertirse, paradójicamente, en el punto de partida de una transformación interior.

Mientras la novela de Kotzwinkle retrata el duelo desde la mirada masculina, centrada en el impacto de una pérdida irreversible, la obra de Krüger profundiza en la experiencia femenina y en la manera en que la maternidad, incluso interrumpida, continúa moldeando la vida de quien la atravesó.

Ambos libros coinciden en una idea central: la muerte de un hijo nunca desaparece por completo. La literatura, más que ofrecer respuestas, permite acercarse a una experiencia que ni la historia, ni la medicina, ni el psicoanálisis logran explicar del todo, convirtiéndose en un espacio donde el dolor encuentra, al menos, la posibilidad de ser narrado.