Entrevista

Sebastián Wainraich: “La serie es recontra argentina y me gusta que sea así”

¿Cómo continuará la historia de Sebastián, sus vínculos, su trabajo y sus obsesiones? Desde mañana se revelará todo en una nueva entrega de esta divertida comedia.

Casi feliz, temporada 2, llega este miércoles a Netflix, con la misma alegría y los mismos problemas, pero recargados. Escrita y protagonizada por Sebastián Wainraich, dirigida por Hernán Guerschuny y con actuaciones de Natalie Pérez, Santiago Korovsky, Peto Menahem, Lucas Wainraich, Sofía Guerschuny Pesci, Miguel Ángel Podestá e invitados especiales como Carla Peterson, Benjamín Amadeo, Julieta Díaz, Roberto Moldavsky, Carlos Portaluppi, Rafael Ferro, Daniel Hendler, Diego Gentile, Gustavo Garzón, Adriana Aizemberg y María Abadi, entre otros. Para saber detalles de esta nueva entrega hablamos en exclusiva con Wainraich, un todoterreno que lidera las tardes radiales, además, con su ya clásico Vuelta y media, por Urbana Play, y sigue de gira con Frágil, su exitoso espectáculo teatral.

—La primera pregunta que tengo es saber cuánto dinero le pusiste a Enrique Larreta para que saliera a hablar contra los piquetes, eje del primer episodio de esta segunda temporada.

—Pensé que nadie se iba a dar cuenta, en los agradecimientos lo vamos a poner.

—En esta temporada hay cosas bien argentinas, como los piquetes, y que no se ve en proyectos que se realizan aquí para plataformas. ¿Era tu intención explorar estos “localismos”?

—No lo pienso así desde el lado racional, de decir “bueno, tengo que contar una historia que incluya”, como salir con un mediomundo a ver qué gente podemos rescatar, a veces es más deseo, es más capricho o estructural, esto le sirve a la serie o al personaje. Es verdad que la serie es recontra argentina, me gusta que sea así, no por rebeldía, sino porque queremos contar esta historia, que es universal a la vez, no sé si entenderán lo de los piquetes, pero sí los vínculos.

—¿Cómo fue el trabajo para desarrollar el universo de la segunda temporada?

—Profundizar los personajes, que incluye hijos, hermano, exmujer, productor y operador de la radio, porque me parecía que hacía más rica la serie y los personajes, para que todos puedan desplegar su talento como actores, conocer más los roles. Por último, porque todos ellos cuentan más de Sebastián, lo acechan, son su pesadilla, él tiene problema con esos vínculos, y todos son como fantasmas que lo vienen a cuestionar y no puede salir de la pesadilla, y en vez de despreocuparse por los cuestionamientos que le vienen a hacer, él siente que tienen razón.

—Había pensado que explorar más los secundarios era para ponerte vos a dirigir algún ­episodio…

—No, el director es Hernán y es un genio, es mi amigo, yo no me imagino de dirigir en el sentido técnico, acá va la cámara, poner la luz acá. Me veo indicando el tono de la actuación, pero me parece un quilombo actuar y dirigir, y si lo hago en algún momento, es porque no estoy actuando. Justo estuve leyendo la autobiografía de Woody Allen y él cuenta cómo dirige, él pone la cámara y si a través del lente él ve lo que imagino cuando escribía, deja esa escena y eso parece muy simple. A mí me pasa lo contrario, que es que cuando escribo algo y después llego al rodaje pienso: “Qué bueno lo que armaron”.

—¿Estás pensando en la tercera temporada?

—La ansiedad y el signo de esta época, no se estrenó la segunda y ya preguntan por la tercera. Las ganas están, pero dejame disfrutar de la segunda, déjame ver qué pasa, estoy muy entusiasmado, porque para mí es mejor que la primera, y la primera me gustó, acá profundiza sobre los personajes y tiene temas para debatir.

—¿Cómo fue para ustedes que participen familiares en la serie?

—Mi hija actúa, la de Hernán también, pero mi hija en ficción es la de Hernán, y la amiga de mi hija en ficción es mi hija, y entre ellas son muy amigas en la vida real, además, tomamos distancia y eso es lo bueno de no ser director, el que habla allí es Hernán, y es quien además enfrenta a mi hija y su hija, así que yo zafé. Es arriesgado tenerlo pero las chicas responden bárbaro.

—Si no hubiese sido el ámbito de la serie el de la radio, ¿en qué otro espacio podría estar enmarcado el relato?

—Es un buen ejercicio, no sé para qué, pero dejame pensar; me imagino, tal vez, un Sebastián heredando un puesto en una empresa, en un local del padre, de las últimas películas de los últimos años me gustó la que hizo Adam Sandler con los hermanos ­Safdie, Diamantes en bruto, muy buena, en donde hacía de un vendedor de joyas, con un ritmo fascinante pero insoportable. Ese es un mundo que me interesa, un tipo muy conflictuado, con una historia parecida a la de Casi feliz, que no le va bien en el trabajo y le genera problemas con los vínculos. En realidad siempre estamos hablando de lo mismo, después es ver cómo se cuenta, pero los temas son los mismos: amor, sexo, muerte, dinero, poder.

—Y si no hubieses encarnado vos mismo a Sebastián, ¿qué personaje te hubiera gustado ser?

—El de Santi Korovsky me gusta.

—Está descontrolado en esta ­temporada…

—Hermoso. El que hizo Carlos Portaluppi también me gusta, y el de Peto, obviamente, pero el de Santi, Sombrilla, podría hacerlo, y él dice que en la vida se parece más a Sebastián que a Sombrilla.

—¿Expectativas para el estreno? ¿Vas a estar atento a las métricas? Porque ahora todo se mide por los top tens y demás...

—Estamos un poco presos de eso, y además yo tengo mis propias métricas que están en este telefonito del ort..., y después de la primera temporada me escribían de todos lados, y me decían que solo pensaban que existía Messi en la Argentina. No me da la cabeza para pensar en las grandes métricas, me da para pensar en leer comentarios, que me digan qué les parece, mi familia también, amigos, compañeros.