Estuvo 10 días cerrada

Adorni reabrió la sala de periodistas de Casa Rosada y justificó restricciones a la prensa

El jefe de Gabinete consideró que los nuevos protocolos que van a implementarse no van a limitar las tareas de los trabajadores de prensa.

Con un nuevo discurso guionado, el jefe de Gabinete investigado por corrupción, Manuel Adorni, volvió a dar una conferencia en la que justificó el cierre temporario de la Sala de Prensa en Casa Rosada, esquivó las consultas respecto de su situación patrimonial sobre la cual fue denunciado y evitó referirse al nuevo escándalo que enfrenta el Gobierno, esta vez por sobresueldos a funcionarios: “No leí la noticia”, dijo al respecto.

Como era de esperar, la conferencia comenzó con la reapertura de la Sala de Prensa como tema principal. Sin que nadie le pregunte, Adorni calificó de “falta grave a la seguridad nacional” al informe televisivo en el que se mostró con una cámara oculta sectores públicos de la sede gubernamental, y sostuvo que ello fue el principal motivo del cercenamiento al trabajo periodístico.

De manera insólita, sostuvo que el periodismo “no tuvo bajo ningún otro gobierno tanta libertad para decir lo que quieran” y desacreditó las críticas al respecto.

“Nos sorprende que se hable de amenazas a la libertad de expresión”, dijo y contradictoriamente defendió las nuevas restricciones a la labor de prensa que comenzaron a regir en Casa Rosada a través de un denominado “nuevo protocolo” para los periodistas acreditados.

El cumplimiento de ese protocolo es, dijo, “hacer cumplir la normativa”. “No censurar la libertad de expresión, no es amenazar al periodismo ni construir un helicoide para silenciar voces diferentes. “Estamos plenamente a favor de la libertad de prensa y somos el gobierno que más la ha impulsado, pero no vamos a permitir de ninguna manera que detrás de ellas se cometan actos que pongan en riesgo la seguridad nacional”, exageró.

Y luego prometió que “cuando Casa Militar entienda que no hay un riesgo adicional de que vuelva a haber filmaciones, los protocolos de a poco serán más flexibles”. “Nosotros queremos que estén acá compartiendo, preguntando y volviendo a la normalidad” tras un hecho “que no debió haber ocurrido”, deslizó.

Cada una de las aclaraciones y directivas del jefe de Gabinete fueron leídas al pie de la letra escrita en el discurso preparado por los asesores que intentan cuidar la empantanada imagen que lo persigue producto de los escándalos por irregularidades en viajes oficiales, salidas familiares, gastos contradictorios con su nivel patrimonial declarado e irregularidades en la adquisición de inmuebles.

Adorni leyó luego cada una de las medidas que el Poder Ejecutivo lanzó en los últimos días a través del Boletín Oficial y cuando llegaron las preguntas de los periodistas acreditados, la expectativa volvió a tensarse.

Como era de esperar, se le volvió a preguntar sobre las causas por las que es investigado, y en lugar de confrontar y descalificar como lo hizo en la escandalosa conferencia de hace un mes atrás, recurrió al discurso de apego, controló el tono de su voz y esforzó un rictus tolerante.

“Respecto de cuestiones personales, ya di las explicaciones que tenía que dar ante la sociedad y la Cámara de Diputados. Si tuviera que dar más, las daré en el único ámbito competente que es la Justicia”, leyó.
Y continuó: “Como hay una investigación judicial en curso, no voy a responder sobre aspectos específicos porque no me lo permite el debido proceso judicial”. Aludió esa postura al respeto a la división de poderes y una supuesta voluntad de no obstruir la investigación.
A pesar de esa respuesta, las consultas sobre el tema fueron insistentes: el ocultamiento del viaje a Aruba, el patrimonio, las contradicciones ética y moral, y una posible autocrítica. La respuesta fue calcada a la que leyó ante la Cámara baja: sobre los viajes, “he afrontado yo mismo los pagos, no fueron financiados por terceros, el Estado no registra costos”, ya “informé sobre el carácter privado de mis erogaciones” y “sobre mi patrimonio, no existió ocultación alguna”.

“Las autoridades judiciales son las competentes” para recibir la información detallada y al resto de las explicaciones “las daré en el ámbito de la Justicia”, cerró.

Otro de los momentos más tensos surgió cuando fue consultado por la utilización de vehículos del Estado y el destino de fuerzas de seguridad para la custodia de su esposa, tal como lo reveló el diputado Rodolfo Tailhade la semana pasada en el Congreso.

Esta vez, un tanto fuera de libreto, Adorni titubeó pero defendió la utilización de fondos públicos para ese tipo de beneficios privados y sostuvo que la revelación hecha por el diputado de Unión por la Patria pudo haberse tratado de “un hecho de espionaje”.

Según el funcionario, esa denuncia dejó “claro que esa seguridad es legítima porque un diputado evidenció que casi se está espiando a mi mujer”, dijo al respecto.

“Que familiares (de funcionarios públicos) tengan seguridad y custodia es una práctica habitual en el resto del mundo. Es un tema de seguridad nacional y se cumple siempre con la normativa aplicable” porque “ningún funcionario se toma aplicaciones que estén fuera de la normativa”, agregó.

Más calmado, Adorni escuchó preguntas sobre otros temas y esquivó las más comprometidas. Una de ellas se refirió a la investigación sobre supuestos sobresueldos a funcionarios de Gobierno, publicada en las últimas horas por un matutino porteño.

“No analizamos notas periodísticas”, respondió el vocero presidencial ante la sorpresa de la sala. “Ni leí la noticia así que no sé de qué me hablás”, se excusó para no referirse al nuevo escándalo en ciernes.

De la misma manera evitó responder sobre la gran cantidad de encuestas que dan cuenta del descontento social, que muestran una caída en la imagen positiva sobre el presidente Javier Milei y hablan sobre la desconfianza hacia el Gobierno. “No nos hacemos responsables por esos datos. Falta un camino largo por recorrer, no gobernamos por encuestas”, respondió.

También negó que haya gobernadores que no quieran reunirse con él para evitar la salpicadura de su mala imagen. “Hay gobernadores que no pude ver por cuestiones de agenda, pero estuve hablando con ellos”, aseguró y deslindó en el ministro del Interior, Diego Santilli, la capacidad para concretar esos encuentros. “Él es el que está instruido” para ello, acotó para correrse del medio.