unión europea y mercosur
Argentina, último vagón del acuerdo con Europa
Después de 25 años de negociaciones, el acuerdo anunciado ofrece escasos beneficios al país y genera fuertes riesgos.
Los países de la Unión Europea (UE) aprobaron este viernes el acuerdo de libre comercio con el Mercosur, un tratado negociado durante más de 25 años y fuertemente cuestionado por sectores del agro europeo, con Francia a la cabeza. Las salvaguardias que incluyó un sector de la burocracia europea y el tipo de concesiones que se hicieron de un lado y otro –eliminación progresiva de aranceles versus aumento de cupos sin fecha de vencimiento- siembran dudas sobre las ventajas concretas que podría obtener Argentina. La producción local de gran escala no encaja fácilmente en los mercados europeos, y además Brasil podría tomar la delantera.
Luego de la aprobación del Consejo Europeo, el canciller argentino, Pablo Quirno, precisó en sus redes sociales que el acuerdo se firmará finalmente el sábado 17 de enero en Paraguay y que daría lugar a la mayor zona de libre comercio del mundo. “Pero es un acuerdo que llega muy tarde: 25 años donde la configuración geopolítica cambió de manera drástica”, explica a PáginaI12 el asesor en agronegocios Javier Preciado Patiño. Según el especialista, Europa no es un mercado en expansión –su población envejece y el crecimiento demográfico depende casi exclusivamente de la inmigración-, entonces las posibilidades de impulsar el comercio son limitadas, además de tratarse de un consumo de nicho sofisticado.
Por el contrario, “Argentina le vende maíz y harina de soja a Vietnam; leche en polvo a Brasil y Argelia; carne vacuna a China; cebada, productos forrajeros y pollo a Arabia Saudita. Los negocios grandes de Argentina están focalizados en regiones donde la población crece y el consumo se expande”, agrega. A Europa, en principio, se podrá exportar algo de miel, quesos y vino. Desde su perspectiva, el impulso al acuerdo responde al contexto geopolítico actual, con una Europa presionada por la política expansionista de Estados Unidos que busca reafirmar su influencia en América del Sur.
Otra cuestión importante son las salvaguardias que agregó la mesa europea, el punto más polémico y que mantuvo trabado el acuerdo durante los últimos años. A diferencia de las salvaguardias comerciales tradicionales (que protegen a una industria si hay una invasión de productos y que también están incluidas en este acuerdo), estas se refieren al cumplimiento de estándares ambientales o fitosanitarios para la importación. Es decir que se prohibirá la entrada a productos agrícolas fundamentalmente que tengan ciertos residuos agrotóxicos que están vedados en Europa o que violen condiciones ambientales.
El economista Lisandro Mondino del Centro Cultural de la Cooperación abordó este tema en detalle: “El mecanismo de protección europeo es para-arancelario, es decir usan pocos impuestos y más barreras burocráticas que son difíciles de sortear. Por ejemplo una restricción fitosanitaria que impida el ingreso de productos con ciertos agrotóxicos prohibidos en Europa pero en Argentina, no. O bien exigen el cumplimiento del Pacto Verde Europeo, de modo que los productos agrícolas deberán mostrar en su trazabilidad que no provienen de zonas deforestadas. Algo que Argentina está lejos de poder probar –recién algunos estudios de trazabilidad se hicieron con la carne-. O pueden exigir una baja huella de carbono o cobrarlas en la frontera”.
Para el especialista, el principal desafío del Mercosur será poder evitar estas barreras para-arancelarias. Según explica, las barreras arancelarias en Europa ya son bajas pero la protección comercial se ejercita por esta vía burocrática y difícil de apelar.
En el acuerdo, Argentina, por el contrario, ofrece una eliminación gradual de los aranceles, “que en un período de 5 a 10 años terminará siendo una desgravación efectiva plena”, sostiene Mariano Kestelboim, ex representante permanente de Argentina para el Mercosur. En cambio, lo que ofrece la UE para los productos que tienen más potencial de inserción en su mercado –los agrícolas- es ampliar los cupos de importación: es decir, cantidad de toneladas que podrán ingresar a la región sin aranceles, como ocurre con la cuota Hilton. “Pero no incorporan una fecha de vencimiento para el cupo, como sí ocurre con la protección arancelaria del Mercosur”, observa el economista.
“Otro aspecto pasado por alto es la falta de un análisis de impacto en materia de inversiones, los cuales suelen acompañar a los acuerdos de esta envergadura”, agrega. Si bien la omisión no es menor, expone la desprolijidad con la que se cerraron las negociaciones y deja abiertas dudas sobre sus efectos concretos. ¿Se incentivará la inversión extranjera directa de empresas europeas en la región?
Por último, Kestelboim señala: “Este acuerdo es un paso más en la transición hacia una estructura productiva altamente primarizada, que deja de lado entramados productivos con mayor complejidad tecnológico. Los ganadores son el campo, el sector energético y la minería. Los perdedores: la industria” (ver aparte).
Para Preciado Patiño, el acuerdo también plantea serias dudas sobre la conveniencia para Argentina. “Brasil juega con una escala productiva muy superior: produce 16 millones de toneladas de pollo, 6 millones de toneladas de carne porcina y 12 millones de toneladas de carne vacuna al año, muy por arriba de Argentina. Es un competidor directo en prácticamente todos los rubros, y Argentina no tiene volumen para disputarle esos mercados. El caso de Paraguay y Uruguay es distinto porque son más chicos y podrían beneficiarse con una mayor colocación de carne. Pero Argentina cuenta con una industria local que podría verse seriamente afectada por la apertura al mercado europeo”.