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Biocombustibles: del 10% al 15%, la decisión de Trump que reconfigura el uso del maíz

El impulso político en Estados Unidos al E15 reactiva expectativas en la cadena bioindustrial, con impacto directo sobre la demanda agrícola y el agregado de valor en origen.

El corazón maicero de Estados Unidos volvió a convertirse en escenario de una discusión clave para el futuro energético.

En Iowa, Donald Trump reafirmó su respaldo a la comercialización del combustible E15 durante todo el año y prometió avanzar sin demoras en una ley que permita eliminar las restricciones estacionales que aún pesan sobre esta mezcla.

El anuncio no solo tuvo impacto en el mercado norteamericano, sino que volvió a poner en foco debates pendientes en otros países productores de biomasa, como Argentina.

Durante su discurso, el expresidente fue categórico. “En la campaña prometí apoyar el E15 todo el año y voy a firmar esa ley sin demora apenas llegue a mi escritorio”, aseguró ante productores y referentes del sector bioindustrial.

La definición fue leída como una señal política directa hacia el Congreso, donde desde hace años se discute la eliminación de las limitaciones que impiden vender este combustible durante los meses de verano.

Una señal desde Iowa

El E15 es una mezcla compuesta por un 15% de etanol y un 85% de nafta convencional. Su expansión permanente apunta a fortalecer la demanda de maíz, reducir costos en el surtidor y avanzar hacia una matriz energética con menor dependencia del petróleo.

Históricamente, su comercialización estuvo restringida en verano por regulaciones ambientales vinculadas a la volatilidad del combustible, aunque estudios recientes indican que las formulaciones actuales superaron esos desafíos.

Trump también dejó en claro que espera una definición legislativa cercana. “Me van a enviar muy pronto un proyecto que respalde el E15 durante todo el año y lo voy a firmar sin dudar”, sostuvo.

Además, expresó su confianza en los líderes del Congreso para destrabar el acuerdo y aseguró que el tema “está muy cerca de resolverse”.

El respaldo no tardó en llegar desde el sector productivo. La Renewable Fuels Association (Asociación de Combustibles Renovables), que agrupa a los productores de etanol en Estados Unidos, celebró el anuncio y destacó que ampliar el mercado del E15 permitiría fortalecer la economía agrícola y ofrecer precios más bajos a los consumidores.

Para la industria, la decisión representa una herramienta concreta para agregar valor al maíz y sostener el desarrollo de las comunidades rurales.

En Argentina, el movimiento estadounidense es seguido con atención. El país mantiene un corte obligatorio de etanol en las naftas del 12%, un nivel que el sector bioindustrial considera insuficiente frente a la disponibilidad de materia prima y a la capacidad instalada de las plantas. Con cosechas récord de maíz y una fuerte producción de caña de azúcar, los industriales advierten que gran parte de ese potencial se pierde al exportar grano sin procesar.

La paradoja se profundiza si se considera que, al mismo tiempo, el país importa combustibles para cubrir la demanda interna. Para los referentes del sector, avanzar hacia un mayor porcentaje de mezcla permitiría sustituir importaciones, ahorrar divisas y aprovechar infraestructura existente que hoy opera con ociosidad.

El impulso que llegó desde Iowa vuelve a encender una discusión estratégica. Mientras Estados Unidos acelera una mayor integración entre producción agrícola y energía, en Argentina el debate sigue abierto. La señal es clara: el maíz dejó de ser solo un commodity de exportación y pasó a ocupar un lugar central en la agenda energética.