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Cruces internos en el Gobierno por los cambios en la reforma laboral

A una semana del tratamiento de la reforma laboral en el recinto, hubo reunión de la mesa política en Casa Rosada. En paralelo, se suspendió una reunión en el CFI que iban a tener los gobernadores, un mensaje que en el oficialismo tomaron como un triunfo.

A principios de esta semana un grupo de gobernadores había reservado una sala en el Consejo Federal de Inversiones. Allí se iban a reunir el miércoles al mediodía para unificar una postura sobre la reforma laboral con la que quiere avanzar la Casa Rosada en contra de los trabajadores. Muchos de los mandatarios provinciales, incluso, ya tenían planificado el viaje desde sus provincias a la sede del CFI ubicada en la calle Azopardo, en el centro porteño.

Sin embargo, cerca de las 21 del martes los gobernadores dejaron trascender que la reunión “se había caído”. El miércoles se supo que los mandatarios provinciales tomaron la decisión de ceder ante la presión del ala negociadora de la Casa Rosada a cambio de promesas que aún siguen siendo una incógnita.

Desde el oficialismo, mientras tanto, le dieron los laureles por esa gestión al ministro del Interior Diego Santilli. La suspensión del encuentro se vivió como un triunfo. El miércoles por la mañana, de hecho, el titular de la cartera de Interior entró a la Casa Rosada por el Salón de los Bustos jocoso y abrazado a Eduardo “Lule” Menem y al asesor sin cargo, Santiago Caputo.

Todos se dirigieron a la reunión que se hizo en el despacho del jefe de Gabinete Manuel Adorni. Después llegaron Patricia Bullrich y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem.

Sin embargo, más allá de los abrazos montados para la foto, el gobierno está dividido y las diferencias son estructurales.

Hay una parte de quienes están negociando que está dispuesta a entregar aspectos clave de la reforma laboral --como el apartado de Ganancias que afecta a los fondos coparticipables-- con tal de que el proyecto sea aprobado de manera general. Es decir, sea como sea.

Por otra parte, hay otro sector que no quiere cambiar ni una coma del texto y que cree que ceder en partes importantes, como piden la CGT y los gobernadores, significaría una derrota política que los asemejaría “al gobierno de Juntos por el Cambio”.

“El capítulo de Ganancias se tendrá que votar y ver qué pasa. En particular podría ocurrir que se caiga. Puede ser que salga la ley y no ese capítulo”, reflexionan quienes están en contra de ceder y agregan en tono irónico: “Ya salió un Presupuesto que no nos sirve --porque se aprobó en general y se rechazó el capítulo 11--, por ende, también puede pasar lo mismo con esto: Que salga una ley sin lo central. Parecemos Cambiemos que sacaba leyes y no cambiaba nada”, espetan.

El malhumor reinó este martes en Balcarce 50 porque, además, tuvieron que reglamentar la ley de Emergencia en Discapacidad para desembolsar los fondos, tal como votó el Congreso y como les pidió el Poder Judicial en diversas sentencias.

El oficialismo no solo vetó la ley de Emergencia, que luego fue reafirmada por el propio Congreso, sino que buscó evitar pagarlo durante la sanción del Presupuesto 2026. En la Ley de Leyes incorporaron el capítulo once en el que decían que, tanto la Emergencia en Discapacidad como la Emergencia Universitaria, debían quedar sin validez. Un artículo que la oposición rechazó.

“Nos llenaron de sentencias judiciales y vamos a tener que cumplir. Lamentablemente hay un momento en el que tenés que aflojar porque vas en cana”, expresaron cerca de Milei hiperbolizando la necesidad de no caer en un desacato a la justicia y admitieron que están pensando en mandar al Congreso un proyecto --en sesiones ordinarias-- para incorporar el resto de las cuestiones que incluía el capítulo once del Presupuesto.

En esa línea, cerca del Presidente se animan a criticar de manera indirecta a Patricia Bullrich y a Diego Santilli: “Sería ridículo que una parte del gabinete no sepa el estado de las cuentas públicas. Hay un problema conceptual: Nadie del gobierno tiene la función de juntar votos porque sí”. Ellos opinan que, si cambia lo sustancial, la ley de reforma laboral no debería salir. Por ahora, no sería la mirada que se impone, más allá de que quienes la pregonan se jactan de que es lo que también quisiera el Presidente.

Además, marcando una postura en contra de los gobernadores --que no es la que prima porque las negociaciones siguen en pie-- dicen que no cederán la coparticipación del impuesto al Cheque, tal como piden los mandatarios provinciales. Agregan que tampoco habrá compensaciones dentro del texto para saldar lo que se pierda de coparticipación con el capítulo del impuesto a las Ganancias.

“La compensación será que, si aprobamos la ley, pasan seis meses y tenemos razón --porque se generan más puestos de trabajo--, vamos a poder levantar el teléfono y decirle a los gobernadores ‘se lo dije’”, puntualizan desde el oficialismo. Además, se muestran altaneros con la CGT: “No hay acercamiento y no nos preocupa que hagan un paro”.

Es un doble juego: Mientras cerca de Milei se muestran disruptivos y “anticasta”, lo cierto es que el ministro del Interior y la presidenta del bloque de La Libertad Avanza en el Senado negocian sin descanso. En las negociaciones, por ejemplo, también entró la modificación de la Ley de Glaciares que pedían los gobernadores de provincias mineras y que se trataría el mismo 11 de febrero.

Ellos confían que ese proyecto también será aprobado. “En teoría va a salir, esperemos que eso sí salga completo y no que se apruebe una ley de Glaciares que no cambie nada”, ironizan desde el ala “dura” que manda a negociar con los gobernadores a exfuncionarios del PRO --Bullrich y Santilli--, pero al mismo tiempo dice que no quiere parecerse a Juntos por el Cambio.