RÍO DE LA PLATA
Desafío senior: Mariano Mortara, el abogado +50 que vuelve a cruzar el Río de la Plata a nado
El abogado bonaerense Mariano Mortara, referente amateur de la natación de resistencia, se entrena para repetir el cruce a nado del Río de la Plata que logró en 2020. Con más de cinco décadas de vida, combina rigor físico, fortaleza mental y una mirada introspectiva del deporte para enfrentar otra vez una de las travesías más exigentes del continente.
La escena se repite en silencio. Antes de cada entrenamiento, Mariano Mortara ajusta la alimentación, revisa distancias y planifica la logística mínima. Nada queda librado al azar. El cuerpo conoce el movimiento; la mente, el ritmo. El río, más que un escenario, es parte del método.
A los 51 años, el abogado nacido en Colón, provincia de Buenos Aires, volvió a proponerse un objetivo mayúsculo: repetir el cruce del Río de la Plata, una hazaña que concretó en marzo de 2020 y que muy pocos nadadores han logrado completar. No se trata solo de resistencia física. Para Mortara, cada travesía es también un ejercicio de introspección.
Su vínculo con el agua comenzó en la infancia, entre piletas de club y competencias escolares. Más tarde, mientras estudiaba Derecho en la UBA, mantuvo la actividad deportiva como equilibrio frente a la exigencia académica. El triatlón lo acercó definitivamente a ríos y lagos, y con el tiempo eligió quedarse solo con la natación de fondo.
“Siempre nadé en pileta, pero afuera sentí más libertad. El entorno cambia todo”, suele explicar.
La disciplina, asegura, es el puente entre el deporte y la profesión. Organiza horarios, entrena una hora diaria y aumenta cargas solo cuando se acerca un desafío específico. Nunca dejó de asumirse como amateur: prioriza familia y trabajo, pero no negocia la constancia.


Con el paso de los años sumó experiencias en escenarios de alto nivel de exigencia: el Estrecho de Gibraltar, el Nahuel Huapi, el río Hudson en Nueva York y competencias de aguas frías en la Patagonia. También completó pruebas de río de hasta 88 kilómetros.
Entre sus metas pendientes figura el Canal de la Mancha y nuevas travesías en altura, como el lago Titicaca. Sin embargo, el Río de la Plata mantiene un significado especial.
“La cabeza tiene que adaptarse a que vas a nadar todo el día. A veces decís seis horas y terminan siendo quince. El cuerpo resiste mucho más de lo que uno cree”, afirma.
Para preparar una empresa así, no entrena jornadas interminables, sino bloques prolongados con pausas cortas para hidratación y energía. La clave, sostiene, es acostumbrar la mente a continuar.


Más allá del rendimiento, Mortara habla del agua en términos casi espirituales. Describe los cruces nocturnos como estados meditativos, donde desaparecen referencias y el tiempo parece suspenderse.
“Nadar de noche, sin costa a la vista, es como estar en la nada. Ahí aparecen ideas, claridad, creatividad. Es una conexión muy profunda con uno mismo”, relata.
Esa mezcla de aventura, respeto por la naturaleza y búsqueda interior es la que lo empuja a volver. No compite contra otros: compite contra el cansancio, la incertidumbre y sus propios límites.
Con más de 50 años, lejos de pensar en la edad, siente que todavía queda mucho por explorar. Y el Río de la Plata, ancho, impredecible y desafiante, vuelve a ser la próxima frontera.