en marzo será tratado

El ingreso al Consejo de la Paz de Trump, al Congreso y con dudas

En Casa Rosada tenían un dictamen que proponía eludir el Congreso para el ingreso al Board of Peace, pero dieron marcha atrás. La Dirección Legal de la Cancillería señaló que eso sería inconstitucional. La decisión de Meloni de trasladar el tema a su Parlamento complicó los planes de Milei.

Las máximas autoridades de la Jefatura de Gabinete confirmaron este miércoles que el Poder Ejecutivo enviaría al Congreso un proyecto de adhesión al Board of Peace (Junta de la Paz), puesta en marcha por Donald Trump en Davos, la semana pasada. La línea diplomática de la Cancillería, encabezada por el canciller Pablo Quirno, trabajó un dictamen de que no era necesaria la aprobación del Congreso porque no se firmó un tratado. Sin embargo, la Dirección Generaí de Consejería Legal Internacional (DICOL) de la Cancillería, señaló que, no enviar el Board al Congreso, sería inconstitucional, porque sí es un tratado, además firmado por el presidente Javier Milei. En la controversia pesa mucho la decisión que tomó la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, que trasladó la cuestión al Congreso y, mientras tanto, no adhirió a la organización de Trump. El argumento de Meloni es impactante: sostiene que hay una cuestión constitucional porque Italia no puede firmar tratados que no sean igualitarios y el Board no es igualitario. Hay un presidente vitalicio (Donald Trump) que decide a qué país se invita a participar y a cuál no. Por ejemplo, a Canadá Trump le retiró la invitación. Y, en paralelo, el presidente es también quien maneja los fondos y los planes. Pese a todo esos argumentos, en la Cancillería el tema no está saldado. Es posible que Quirno insista con su postura de no mandar el Board al Congreso. Y en caso de hacerlo, sería en marzo o abril o mayo.

Un anuncio asombroso

El anuncio extraoficial de Casa Rosada se produce 24 horas después de que el sitio del Board -@BoardOfPeace, en X- le dio la bienvenida a Argentina como miembro fundador, algo que originalmente sólo estaba reservado a los países dispuestos a poner los 1.000 millones de dólares, condición que implicaba la membresía permanente. En la administración Milei juran y perjuran que no pondrán el dinero “porque hay otras prioridades”. Todo evidencia que los manejos en el Board son absolutamente arbitrarios: Trump decide quién entra y quién no entra, qué país pone la plata y cuál no.

La bienvenida oficial es casi escandalosa: pese a que, supuestamente, es un organismo de paridad internacional, el anuncio tiene el dibujo de una bandera norteamericana y una bandera argentina. Lo mismo con los otros países a los que se dio la bienvenida (26): bandera de Estados Unidos y bandera del país correspondiente. O sea, son 26 bilaterales entre el país del norte y los demás. Expresión de que manda el presidente que ocupa el Despacho Oval, en Washington.

Un listado impresentable

Como se sabe, entre los 27 países a los que se les dio la bienvenida (26+Argentina), sólo hay dos europeos (Hungría y Bulgaría) y no ingresaron Canadá, a quién se le retiró la invitación, ni Brasil ni México y no está ninguno de los países que integran el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: China, Rusia, Reino Unido, Francia. El único, obviamente, Estados Unidos.

La revista conservadora británica, The Economist, publica anualmente un ranking de todos los países de acuerdo a un índice de nivel democrático. No sólo incluye las cuestión electoral, pluralismo, libertades civiles, sino también independencia de la justicia y otros aspectos que se califican de 1 a 10 para las 165 naciones del planeta.

De los 27 países que entraron al Board ni uno solo está entre los 50 primeros en cuanto a nivel democrático. El mejor ubicado es Argentina, en el puesto 54, pero la gran mayoría son regímenes considerados híbridos por The Economist o directamente autoritarios: por ejemplo, Qatar en el puesto 117, Emiratos Arabes en el 119, Egipto, 128, Vietnam, 133, Bahrain en el 138, Arabia Saudita en el 148, Bielorusia en el 152.

No es casualidad: en Estados Unidos distintos medios calificaron el Board como una junta de dictadores de Trump. Hay bastante más reyes que presidentes elegidos democráticamente. Por lo tanto, se evalúa que la convocatoria de Trump fue un fracaso, entre otras cosas porque la mayoría de los gobiernos consideraron que se trata de una especie de competencia desleal a las Naciones Unidas. Además, se lo trató de instalar como un proyecto de Occidente respecto de la Franja de Gaza y, al final, no están la mayoría de los países importantes de Occidente.

Polémica en el Palacio

Como anticipó Página/12 en exclusiva, el canciller Quirno le ordenó a la Dirección de Organismos Internacional (DIOIN), a cargo de Alejandro Verdier, que elabore un dictamen para esquivar al Congreso. Según supo este diario, la DIOIN cumplió con el pedido de Quirno y el dictamen tenía el aval de Verdier y de Juan Navarro, subsecretario de Política Exterior, una especie de vicecanciller de hecho, porque el cargo está vacante. La base sería que lo firmado en Davos no fue un tratado, un argumento de evidente falsedad: lo que firmó Milei fue el documento constitutivo del Board of Peace, o sea un tratado de adhesión, tal como lo explicó el constitucionalista Andrés Gil Domínguez. La Carta Magna dice, textualmente, que en el Congreso deben ser aprobados “los tratados concluidos con las demás naciones y con organizaciones internacionales”.

Según cuentan en la Cancillería, pasó lo inevitable: la Dirección de Consejería Legal (DICOL) dictaminó que no se puede esquivar el Congreso porque efectivamente lo que se firmo es un tratado. Pero en el Palacio San Martín dicen que Quirno insistiría, aunque no es sencillo pasar por encima de un dictamen legal.

La versión de la Casa Rosada

En la Casa Rosada hicieron trascender este miércoles que la Cancillería va a elaborar un proyecto para enviar al Congreso. La versión fue confirmada a Página/12 por las máximas autoridades de la Jefatura de Gabinete. Sin embargo, todo parece muy en el aire:

El proyecto no está elaborado. Lo elaboraría la Cancillería en las próximas semanas.

No se trataría en las sesiones extraordinarias, pese a que, supuestamente, la Argentina ya integra el Board of Peace.

En el Congreso, el proyecto lo trataría la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, que no está conformada ni en Diputados ni en Senadores.

En Casa Rosada afirman que podría tratarse en marzo, pero hay más dudas que certezas.

En Presidencia pesó mucho la decisión de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, quien siempre fue presentada como aliada de Milei. Meloni sostuvo que, de entrada, no podía adherir al Board of Peace por razones constitucionales, ya que el artículo 11 de la Constitución regula que Italia no puede ceder soberanía sino en forma igualitaria con otros estados. En el Board no hay igualitarismo de ninguna manera: Trump es el presidente vitalicio, quien tiene el poder de decisión y maneja los fondos del organismo. El Comité Ejecutivo del Board fue designado a dedo, sin ninguna deliberación, por el propio Trump: lo integran su yerno, Jared Kushner; su delegado en Medio Oriente, Steve Witkoff; su secretario de Estado, Marco Rubio, y el exprimer ministro británico, Tony Blair. El control total es de Trump. En función de la objeción constitucional, Meloni resolvió no adherir al Board todavía y está en consulta en el Congreso. Otros países directamente rechazaron el convite: Francia, Noruega, Suecia, Alemania, Grecia y España que argumentó que debe respetarse el marco de las Naciones Unidas.

La mayor parte de los países perciben que el Board es una especie de cortina de humo con la que Trump intenta tapar las graves dificultades y el descrédito que tiene dentro de Estados Unidos, con los encuestas exhibiendo bajísimos niveles de aprobación de su gobierno y las dos muertes en Minnesota perpetradas por los efectivos de su fuerza de choque contra los inmigrantes. El presidente norteamericano escapa hacia adelante, con el Board, las bravuconadas respecto de Groenlandia y las operaciones militares en Venezuela e Irán.