Hambre, angustia y dolor

“El Presidente no tiene corazón”: desgarrador relato desde un comedor social

Liliana Olivera, referente del comedor comunitario Caricias de Dios en Lomas de Zamora, contó que las ollas llevan cada vez menos alimentos para dar de comer a más personas.

“Yo pasé hambre de chica”, cuenta, casi entre lágrimas, Liliana Olivera, referente del comedor comunitario Caricias de Dios en Lomas de Zamora. No llora, particularmente, por recordar su historia, sino por la crueldad con la que ahora se repite en el reflejo de sus ojos, cuando le tiene que decir a sus vecinos que no, que no hay más comida para repartir.

Su situación es la misma que la de las miles de personas que todo el país eligen pasar su tiempo detrás de una olla industrial revolviendo el guiso que permita llenar la panza de los vecinos del barrio: cada vez hay más demanda y menos alimentos, más pobreza y menos ayuda del Gobierno.

“Los comedores están tristemente olvidados — explicó a Radio 750 — No tenemos nada, pero cada vez más gente. Ayuda de Nación no tenemos nada. Tenemos ayuda de Lomas y después de la gente, pero lo que quedó. Porque mucha gente que nos donaba también la está pasando mal”.

Así, contó, tiene que alimentar a 60 familias –un 50 por ciento más que hace unos meses atrás– con lo que consiguen entre donaciones y lo que van rescatando de descartes de las verdulerías cercanas.

Eso no impide, contó Olivera, que “a veces pase gente que no esté anotada”. “Y la olla está ahí y le tenés que dar. Al menos un pedazo de pan. Es muy triste la realidad que estamos viviendo”, afirmó.

Pero claro, a veces la olla está vacía, frente a ella, como una metáfora de la economía del país, y la tristeza del hambre en su infancia se repite en ese sinsabor del cucharón de madera rascando un fondo metálico. Entonces, hay que rumiar un triste no.

“Desgraciadamente, vamos a tener que empezar a decirle que no a la gente. Yo pasé hambre de chica. Y yo no salgo. No puedo decirles que no porque me pongo a llorar”, contó.

Tras lo que afirmó: “Y yo no soy millonaria para salir y decirle que pongo mi plata. Yo tengo los lunes merienda y jueves y viernes comedor. Y estoy pensando hacer un sólo día la comida, porque no voy a llegar”.

Por eso, ante la pregunta sobre qué le diría al Presidente, lanzó un comentario desgarrador: “Tengo ganas de decirle muchas cosas al presidente. Le pido que se ponga en el lugar de los pobres. Pero no creo. Pero lo veo como una persona sin corazón”.

“Es una persona que de sólo ver cómo habla, tantas mentiras que dice, se ve que nunca pasó nada. No le importan los trabajadores, no le importa nada. A mí no me gusta hablar de política, pero esto está mal. Está todo mal. El país está para atrás. El hambre duele”, finalizó.