En el tigre
El Puerto de Frutos recibe menos de la mitad del público que hace tres años
Sobre 500 locales disponibles, cerca del 10 por ciento están vacíos, todo una rareza en un predio donde había listas de espera para conseguir un lugar. La crisis del consumo arrasa a jubilados y docentes, pero se nota hasta en los vecinos de Nordelta.
El Puerto de Frutos se promociona como el mayor paseo de compras a cielo abierto de la Argentina. Está ubicado a orillas del Río Luján, en Tigre, y cuenta con más de 500 locales donde se ofrecen muebles, artículos de mimbre, artesanías, decoración, viveros y gastronomía, entre los rubros principales. Es un paseo histórico y sumamente popular, donde hace tres años era difícil estacionar a menos de diez cuadras del predio un domingo al mediodía. “Ahora la gente viene un domingo y consigue lugar en el propio estacionamiento del Puerto de Frutos”, se sorprende Diego Azcona, quien tuvo su local allí durante más de diez años, hasta inicios de este mes, cuando finalmente la crisis también lo tapó y lo obligó a cerrar.
No es el único al que le pasa. Sobre ese universo de 500 locales, cerca del 10 por ciento están vacíos, lo que es todo una rareza en un lugar donde había listas de espera para alquilar un negocio. La razón principal es que la afluencia de público bajó a menos de la mitad en comparación con 2023.
Azcona cuenta su historia y la del Puerto de Frutos este viernes al mediodía, mientras vacía el negocio y termina de rematar la mercadería al costo, dos por uno, para recuperar un poco de capital que necesitará en España, adonde reiniciará su proyecto aprovechando contactos y clientes que pasaban a comprarle por Tigre.
“Hasta que llegó Milei, un viernes de sol a esta hora no te digo que esto estaba lleno, pero las parrillas y los restaurantes trabajaban bien y había público dando vueltas. Ahora hace media hora que estoy hablando con vos y no entró un auto”, relata la crisis Azcona en tiempo real. Conoce el lugar como pocos y se aprecia su angustia mientras amontona ejemplos que patentizan la gravedad de la crisis.
“Estos últimos dos años fueron tétricos. Pero los últimos tres meses fueron peor que tétricos, nunca viví algo así en trece años de actividad. Se planchó mal. No se vende nada. Nosotros atendemos de miércoles a domingo y, de marzo para acá, prácticamente todos los miércoles y jueves ni siquiera abrimos caja", comenta.
“Estábamos con mi empleada mirándonos las caras en un local de 300 metros cuadrados cubiertos, uno de los más grandes que hay por acá”, rememora. El alquiler del comercio, ubicado en un lugar de mucho tránsito, en la entrada de la calle principal del Puerto de Frutos, era de 4,5 millones de pesos al mes. “Si facturara 20 millones no sería caro, ese no es el punto. El problema es que no hay demanda. Los últimos cuatro meses tuve que poner plata de mi bolsillo para sostener el negocio”, protesta.
“Por eso nos vamos. No tiene sentido seguir cuando no hay posibilidad de recuperación si la gente que nos compraba gana una miseria”, se enoja.
Los dos negocios pegados al de Azcona también cerraron el último mes, y en los próximos días se irá otro. Se dedicaban a la decoración y artesanías. “Es algo muy raro que la entrada del Puerto de Frutos está ahora con los tres o cuatro comercios más importantes que había cerrados. Nunca visto”, insiste Azcona.
En picada
Su negocio se llamaba Awka. Se dedicaba a la venta de macetas pintadas por artistas y laqueadas, de todos los tamaños, como se observa en la imagen de la izquierda en la foto que ilustra la nota.
“Empecé hace trece años en el garaje de mi casa, a cuatro cuadras del Puerto de Frutos. Nací ahí y conozco el barrio de toda la vida. En ese momento era imposible caminar por el Puerto de Frutos de tanta gente que venía, y entonces el público derramaba hacia otras calles. Nosotros fuimos de los primeros en poner un negocio en una casa en esa cuadra, donde no había locales. Vendíamos tejidos del norte, carteras de cuero y algunas macetas pintadas por artistas, que rápidamente se convirtieron en el producto principal y nos dedicamos a eso. Nos iba tan bien que primero nos mudamos a un local chico en el Puerto de Frutos y, después de la pandemia, pasamos al local de 300 metros cuadrados en la entrada del predio. Un lugar muy buscado”, explica.
La calle donde vive Azcona es Montes de Oca. “En otra época, un domingo a las 21.30 todavía había autos haciendo fila en la puerta de casa para salir de Tigre. Hoy eso no se ve. No hay más un auto atrás del otro”, compara.
“Hay muchísimos locales vacíos. Antes tener un comercio en el Puerto de Frutos era sinónimo de que te iba bien y nadie largaba ese local. De hecho siguen pidiendo llaves de entre 10 mil y 15 mil dólares, pero no se alquilan. Antes los pagabas porque rendía, pero ahora hay muchos perdiendo plata todos los meses”, afirma.
“A nosotros las ventas nos cayeron 70 por ciento en comparación con 2023″, remata.
Jubilados, docentes y Nordelta
Una característica del Puerto de Frutos es que se trata de un paseo familiar. No es solo un centro de compras. Pero a mucho público le cuesta cada vez más acercarse porque no tiene recursos para el transporte ni para afrontar los gastos mínimos de un día en el Tigre.
“También es un paseo de gente grande. Pero todo lo que es el consumo del jubilado desapareció. No es que se desplomó o cayó a la mitad, desapareció”, remarca Azcona.
“Lo mío es un nicho chico pero no tengo competencia. Lo que hacemos es artesanal. Macetas pintadas por 26 artistas de todos los tamaños, de las más chicas, de dedo, hasta macetas para hoteles. Antes les llevaba 60 o 70 macetas a cada artista y por ahí tardaban porque en el medio vendían a su público por internet o por encargo, pero ahora a ellos también les bajaron las ventas a casi nada”, cuenta.
“Mis clientes son principalmente mujeres. Muchas jubiladas, muchas docentes. Ese público fue arrasado. Pero también se nota en las clientas de Nordelta, que por ahí vienen y se llevan cuatro macetas, pero piden descuento por comprar en efectivo. Es gente que por supuesto está muy bien, pero por ahí antes cambiaban el auto todos los años y ahora pasan dos o tres años y siguen con el mismo”, refleja.
Azcona, por último, cuenta otros ejemplos que muestran que la crisis está por todos lados. “Tengo un amigo que hace paseos con la vieja lancha colectivo de madera. Antes hacía viajes con 70 u 80 personas y ahora sale con 10″, indica. “Otro amigo trabajaba los feriados y fines de semana como mozo en una parrilla porque no daban abasto, pero no lo llaman más porque ahora le sobran mesas”, agrega. “Yo mismo tengo dos departamentos que alquilo por aplicación y antes los tenía siempre ocupados de jueves a domingo y ahora los jueves y los domingos rara vez se alquilan”, completa.
Esto último también se relaciona con la baja de turistas. “Siguen viniendo sobre todo brasileños y uruguayos, después algo de chilenos y después de otros destinos. Pero son muchos menos que antes y gastan también menos. Esta es una crisis a la que no le veo salida mientras sigan estas políticas”, razona Azcona, quien seguirá con su negocio en España.
“Me estoy yendo a España y no me quiero ir. Lo poco que hice lo hice acá, pero no va más. Tengo clientes europeos que venían cada dos o tres años y me llevaban macetas enloquecidos. Tengo que ir a probar suerte allá. Invertir acá no tiene sentido porque no funciona nada. Ni las macetas pintadas, ni los muebles, ni la decoración, ni la gastronomía. Está todo para atrás y es muy triste”, concluye el emprendedor.