A 50 años

El responsable de la Noche de los Lápices recibió un premio después de los secuestros

Luis Héctor Vides fue reconocido por el Ministerio de Educación al poco tiempo del operativo de septiembre de 1976.

El comisario Luis Héctor Vides fue señalado como el responsable de la Noche de los Lápices. A 50 años de aquel operativo que se volvió emblemático de la criminalidad de la última dictadura, se halló documentación que abona esa responsabilidad. Tan solo tres meses después de los secuestros de los estudiantes secundarios, Vides recibió un reconocimiento sospechoso: el premio “Ministerio de Educación”.

El apellido Vides está asociado con la Noche de los Lápices desde el Juicio a las Juntas. El 9 de mayo de 1985, Pablo Alejandro Díaz declaró que lo había visto en su casa el 21 de septiembre de 1976, cuando llegó la patota a secuestrarlo. Lo describió como canoso, de unos 45 años y algo robusto.

En efecto, Vides, para entonces, tenía 50 años. Era padre de cuatro hijos. Uno de ellos tenía la edad de los chicos y las chicas que fueron secuestrados en septiembre de 1976 por su militancia en organizaciones del frente estudiantil.

En 1976, Vides tenía el cargo de comisario. Era el segundo jefe de la Brigada de Investigaciones de La Plata. Después pasó a revistar como jefe de la División Cuatrerismo de la Dirección de Investigaciones —que comandaba Miguel Osvaldo Etchecolatz—. Durante el primer año de la dictadura, el desempeño de Vides fue tan sobresaliente que lo ascendieron al cargo de comisario inspector por “méritos extraordinarios”.

Para el 22 de diciembre de ese año, Vides recibió dos reconocimientos: la Orden San Miguel Arcángel por su acto destacado de servicio y el premio “Ministerio de Educación”, con medalla de oro y diploma de honor, según consta en el legajo del represor que está en poder de los tribunales.

Distintas fuentes consultadas coincidieron en señalar que no recordaban otro legajo que diera cuenta de una distinción del Ministerio de Educación. En este caso, la distinción adquiere características siniestras al saber que estuvo vinculado con la desaparición de los estudiantes secundarios.

Para la justicia argentina, la Noche de los Lápices comenzó el 8 de septiembre. Sin embargo, la mayoría de los secuestros se produjeron el 16 de septiembre. De los chicos secuestrados, solo cuatro sobrevivieron: Pablo Díaz, Emilce Moler, Gustavo Calotti y Patricia Miranda. Claudio de Acha, María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Daniel Racero, Francisco López Muntaner y Víctor Treviño continúan desaparecidos.

Los chicos fueron llevados inicialmente al campo de Arana, que funcionaba como un centro de torturas y aniquilamiento. El 23 de septiembre hubo un traslado. Fueron subidos a un camión. A mitad de camino, hicieron que bajaran Claudia, María Clara, Claudio, Daniel, Horacio y Panchito en lo que después se sabría que era el Pozo de Banfield. Allí Pablo Díaz se encontró con sus compañeros y compartió cautiverio con ellos hasta el 28 de diciembre de 1976. Mientras estaba en la cárcel, el teniente coronel Carlos Sánchez Toranzo le dijo a Díaz que los chicos habían sido asesinados en el sótano de la brigada de Siciliano y Vernet, partido de Lomas de Zamora.

Mientras estaba secuestrada en el Pozo de Quilmes, Emilce Moler recibió la visita de su padre, Oscar Moler, que era comisario retirado. Él le dijo que su vida dependía de Etchecolatz y Vides. Calotti también declaró haber sido torturado por el “Lobo” Vides.

En 1986, Vides fue juzgado en lo que se conoce como la causa 44 junto con Ramón Camps —jefe de la Policía Bonaerense— y Etchecolatz, entre otros. La Cámara Federal, que había condenado el año anterior a Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera, lo absolvió porque no encontró acreditado que hubiese actuado en Arana —algo que surge a las claras de su legajo—.

Vides murió impune. Según La Nación, su deceso se produjo el 17 de septiembre de 1998. Ese día se cumplían 22 años del secuestro de Emilce Moler.

Pese a que en su carrera policial Vides había acumulado sumarios por apremios o privaciones ilegales de la libertad, su desempeño en los años ‘70 fue destacable para las autoridades. En el fondo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) —que administra la Comisión Provincial por la Memoria (CPM)—, figura un recorte de diario del 10 de diciembre de 1970 en el que se anunciaba la entrega de reconocimientos por el Día de la Policía, que en Buenos Aires se conmemora el 13 de diciembre. En ese momento, Vides también iba a ser reconocido con el premio “Municipalidad de La Plata”. En la nómina de ese año no aparecía un premio “Ministerio de Educación”, como el que él recibió años más tarde.

La contracara

Este miércoles habrá un acto en el Pozo de Banfield, donde Pablo Díaz vio con vida por última vez a los chicos de la Noche de los Lápices. Habrá marchas en La Plata, en la Plaza de Mayo y en las principales ciudades del país.

En la tarde del martes, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) distinguió con el doctorado honoris causa a las chicas y los chicos desaparecidos por haber sido “estudiantes secundarios comprometidos con las luchas de su tiempo” y a los sobrevivientes por sus “aportes fundamentales al proceso de Memoria, Verdad y Justicia”.

Guadalupe Godoy, en su doble calidad de abogada en los juicios e integrante de la UNLP, resume el objetivo del reconocimiento. “Este honoris es una reivindicación a las luchas estudiantiles de ayer y de hoy, y del largo camino de Memoria, Verdad y Justicia recorrido por familiares y sobrevivientes”.

Los reconocimientos de los chicos fueron recibidos por familiares y amigos. Marta Ungaro, hermana de Horacio, subió con el guardapolvos que él estaba pintando para usar en los festejos del Día del Estudiante.

A su turno, Pablo Díaz optó por agradecer. Se acordó de los aportes de Gerardo Taratuto en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y de Mabel Colalongo en la Fiscalía del Juicio a las Juntas para que se conociera lo que había pasado en la Noche de los Lápices. Habló también de la primera marcha, que se hizo en 1985, después de que se exhibiera un audiovisual sobre la historia de los pibes y las pibas en el Bachillerato de Bellas Artes. “Espero que sigamos juntos cuando se cumplan los 51 años”, dijo.

Emilce Moler, docente universitaria, subió con un cartel que reclamaba que el Gobierno cumpla con la ley de financiamiento. “Cuando estaba en el Pozo de Arana, agarraba fuerte la mano de Claudia y le susurraba los sketches que estábamos preparando para el Día de la Primavera. Bellas Artes también era un refugio allí”.

Después de Arana, el periplo de Emilce se completó con el Pozo de Quilmes, la comisaría 3ª de Valentín Alsina y la cárcel de Devoto, donde nunca dejó de esperar que se abrieran las rejas y aparecieran Claudia y María Clara.

Una vez liberada, sus captores le prohibieron volver a la ciudad de La Plata. Se mudó a Mar del Plata, donde terminó sus estudios de grado y posgrado. “No ser egresada de la UNLP era una cuenta pendiente”, dijo.

La universidad, una vez más, fue el lugar de la reparación. Y los lápices demostraron que siguen escribiendo.