Indonesia muda su capital y revive el proceso de otros varios países

El plan de Indonesia de construir a partir de este año una nueva capital porque la actual, Yakarta, está superpoblada y contaminada y se hunde año tras año viene a revitalizar una larga historia de países que mudaron sus ciudades centrales, o construyeron urbes desde cero o simplemente eligieron otra ciudad por razones geopolíticas. El […]

El plan de Indonesia de construir a partir de este año una nueva capital porque la actual, Yakarta, está superpoblada y contaminada y se hunde año tras año viene a revitalizar una larga historia de países que mudaron sus ciudades centrales, o construyeron urbes desde cero o simplemente eligieron otra ciudad por razones geopolíticas.

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, anunció hace meses que este año se terminarán los planes y probablemente hacia fines del 2020 hasta comience la construcción de una nueva capital, que estará al este de la isla de Borneo, con un costo estimado en varios miles de millones de dólares.

Yakarta tiene unos 10 millones de habitantes, pero si se cuentan sus alrededores hay 30 millones, lo que torna imposible el tráfico, acrecienta la contaminación, y favorece el deterioro de los servicios públicos. Como extra, la ciudad se hunde varios centímetros cada año.

La nueva capital -aún sin nombre- estará entre las regiones de Penajam Paser Utara y Kutai Kartanegara, a unos 2.000 kilómetros al noreste de Yakarta y en el centro geográfico del país.

Estará cerca de dos importantes ciudades: Balikpapan, capital provincial, y Samarinda, lo que le permite una conexión directa con un puerto y un aeropuerto internacional.

“El área de Yakarta es la segunda zona urbana más grande del mundo, con el 35 por ciento de la población del país. Y eso se suma la cuestión ambiental”, reseñó a Télam el analista Ignacio Peña, de la fundación Meridiano.

Politólogo y coordinador de Desarrollos Económicos de la Fundación, Peña explicó que las eventuales mudanzas de capitales “están habitualmente asociadas a países de grandes territorios y estructuras federales”, y evaluó que “la concentración del poder político y económico en un único gran centro siempre es un problema”.

Para el especialista, los cambios de centros políticos implican siempre “procesos que exigen tiempo, un alto consenso sobre la necesidad de hacerlo y mucho sustento estatal, por la financiación que requieren”, y puso como ejemplo el caso de El Cairo.

“Esos cambios suelen responder a verdaderas necesidades geopolíticas y a veces poblacionales. El Cairo tiene 20 millones de habitantes y serios problemas logísticos. Egipto decidió ya en 2015 mudar su capital a unos 20 kilómetros de ahí para desarrollar un polo administrativo”, detalló.

El proceso de Brasil, que incluyó la decisión de un polo alejado de la hasta entonces capital y la construcción desde cero de Brasilia, fue “inusualmente rápido, porque demandó 5 años” en lograrse “una ciudad planeada y que, en términos administrativos, funciona”, evaluó.

Peña reseñó que el fallido traslado de la capital argentina a Viedma en parte respondía esas problemáticas. “tenemos todos esos mismos problemas de los demás casos, a menor escala”.

Mucho más allá, las dos capitales de los poderosos Estados Unidos y Rusia son resultado de procesos complejos, y ni Washington ni Moscú tuvieron siempre el privilegio de ser capitales fuera de debates.

Brasil hace 60 años -en desmedro de Río de Janeiro-, e Indonesia y Egipto ahora, no son, claro, los únicos ejemplos de las últimas décadas de países que cambiaron su capital.