mas asignaciones, menos trabajo
La economía libertaria reemplaza ingresos genuinos por la ayuda del Estado
A pesar de la mejora en términos reales de la AUH, de los doce rubros que componen el Índice de Precios al Consumidor, la asignación sólo logró superar a cinco.
La Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar no alcanzan para cubrir el fuerte aumento de los gastos básicos que enfrentan los hogares con niños. Los incrementos de estos programas quedaron por debajo del costo de vida: en el último año la AUH aumentó 31,3 por ciento, mientras que la educación escaló 52,3 por ciento, la vivienda y los servicios 41,6 por ciento, los alimentos y bebidas 32,2 por ciento y el transporte 32 por ciento. De los doce rubros que componen el Índice de Precios al Consumidor, la asignación sólo logró superar a cinco. Pese a ese desfasaje, el Gobierno de Javier Milei presenta la actualización de la AUH y la Tarjeta Alimentar como una mejora en términos reales, luego de que entre 2023 y 2025 ambos programas acumularan un crecimiento del 14 por ciento.
El sostenimiento del ingreso vía transferencias directas convive con un deterioro profundo del mercado de trabajo y de la capacidad de consumo de la clase trabajadora y de amplios sectores de la clase media. La paradoja es evidente: mientras el modelo libertario proclama el retiro del Estado, el ajuste y la desregulación, cada vez más hogares dependen de políticas públicas para subsistir. Y esa contradicción no sólo es política e ideológica, sino también económica y fiscal.
La consecuencia directa es que el ingreso que llega por la vía de la AUH ya no funciona como complemento de un salario, sino como reemplazo parcial de ingresos laborales que dejaron de existir. “La AUH antes acompañaba a un sueldo, ahora con menos trabajo no alcanza”, resume Mónica, vecina de Los Piletones, en Villa Soldati, que trabaja en un comedor comunitario donde se sirven 800 platos por día, de lunes a lunes.
En el comedor donde trabaja, la situación se volvió crítica. “La gente elige entre alquilar y comprar comida o ropa”, cuenta. Por primera vez desde que funciona el espacio, hay lista de espera. “Tenemos que elegir a quién darle de comer”, explica. Lo que cambió no es sólo la cantidad, sino el perfil de quienes buscan ayuda. “Hay muchas familias que antes no necesitaban y ahora sí, y se da la particularidad de hombres jóvenes sin trabajo que vienen a buscar el plato de comida”, agrega.
Ese testimonio dialoga con los datos duros del mercado laboral. Según el Centro de Economía Política Argentina, durante el gobierno de Milei el poder adquisitivo de los salarios perdió 10 por ciento y el empleo público cayó otro 10 por ciento adicional. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 desaparecieron 21.046 empleadores con trabajadores registrados, lo que equivale a un promedio de 30 empresas menos por día. En ese mismo período se perdieron 272.607 puestos de trabajo formales, casi 400 empleos registrados diarios.
Pobreza
El freno en la caída de la pobreza que se observó en algunos trimestres también empezó a mostrar límites. Las primeras mediciones del cuarto trimestre de 2025 exhibieron una interrupción en la baja de la pobreza, producto de la fuerte suba de los alimentos que impactó directamente en las canastas básicas. El Nowcast de Pobreza que elabora Martín González Rozada y publica la Universidad Torcuato Di Tella estimó la pobreza en torno al 28,7 por ciento en el tercer trimestre del año pasado, pero para el período octubre-diciembre la cifra escaló al 32,5 por ciento. Para el segundo semestre, la tasa se ubicaría cerca del 30,6 por ciento, lo que implica una nueva desaceleración del proceso de mejora.
Más allá de los porcentajes, distintos centros de estudios advierten que tanto los ingresos como los indicadores de pobreza e indigencia están atravesados por problemas metodológicos que tienden a sobredimensionar el alivio social. “El descenso en los indicadores oficiales está atravesado por factores metodológicos: la Encuesta Permanente de los Hogares mostró fuertes mejoras de ingresos no verificadas en otras fuentes, mientras que las canastas usadas para medir pobreza siguen desactualizadas”, explica Agustina Haimovich, del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas.
Para la especialista, la magnitud de la mejora de los ingresos laborales relevados por la EPH resulta llamativa si se considera que, en el período analizado, las condiciones laborales empeoraron por la caída del empleo asalariado formal y el avance de la informalidad y de las ocupaciones precarias. En la misma línea, el CEPA advierte que las canastas utilizadas para medir pobreza siguen basadas en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2004/05, pese a que el Indec cuenta con la realizada en 2017/18, mucho más representativa de los patrones actuales de consumo.
La consecuencia de utilizar una encuesta vieja es clave: se subestima el peso del gasto en servicios, que es justamente el rubro que más aumentó en los últimos años. De ese modo, una mayor cantidad de hogares aparece artificialmente por encima de la línea de pobreza. Desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA también lo advierten. “Sin desconocer que se evidencian mejoras, corresponde señalar que los datos oficiales sobrerrepresentan la magnitud del alivio social. El Indec debería acelerar la actualización de las canastas de referencia y transparentar su efecto sobre las series históricas”, plantearon.
Deterioro de los ingresos
Mientras tanto, el deterioro del empleo formal sigue empujando a más personas hacia la asistencia estatal. Según datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso, en 2009 había 4,7 millones de beneficiarios de programas sociales incluyendo la AUH. En pleno gobierno libertario, ese número trepó a 7,4 millones. No sólo crece el poder adquisitivo relativo de las transferencias, sino también la cantidad de personas que dependen de ellas para cubrir necesidades básicas.
El tercer trimestre de 2025 mostró con claridad esa dinámica. Todo el aumento del empleo se explicó por el cuentapropismo y el empleo informal. Los puestos asalariados registrados no crecieron en términos interanuales, mientras que el incremento se explicó exclusivamente por el alza del trabajo independiente y de los asalariados no registrados. Incluso dentro del empleo registrado, se observó una caída del sector privado que fue compensada por la expansión del empleo público.
El informe de Equilibra agregó otro dato preocupante: el aumento del empleo no estuvo acompañado por un crecimiento proporcional de las horas trabajadas. En el tercer trimestre de 2025, las horas totales avanzaron menos que los puestos de trabajo, lo que refuerza la idea de ocupaciones más fragmentadas, de menor calidad y con ingresos más inestables.
Dentro del cuentapropismo, el crecimiento del trabajo independiente fue cercano al 14 por ciento. Sin embargo, distintos analistas advierten que una parte significativa de ese aumento corresponde a trabajos de plataformas, como el delivery, que el Gobierno busca contabilizar como creación de empleo. En ese marco, el Indec comenzó a trabajar para transparentar cuánto del crecimiento laboral corresponde a estas modalidades ultra precarias. Ya hubo reuniones con empresas como Pedidos Ya, y si se logra ese nivel de desagregación, quedará más en evidencia que la expansión del empleo se apoya en actividades de bajos ingresos y alta inestabilidad.
“No alcanza”
La situación se replica con crudeza en el interior del país. Ana, trabajadora rural de Misiones, lo describe sin rodeos. “La Asignación no alcanza si todo sube por arriba: luz, agua, internet, transporte, alquiler. Todo subió mucho más”, relata. En su provincia, el contexto se agrava por la caída del precio de la yerba mate, que empuja los salarios a la baja y obliga a miles de hombres a migrar a Brasil para las distintas cosechas. “Quedamos las mujeres con los chicos. El desarraigo es total”, resume.
Los datos de tarifas refuerzan ese diagnóstico. Desde que asumió Milei, la canasta de servicios y transporte público aumentó 525 por ciento, corriendo por encima de la inflación, según el último Reporte de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política, que depende de la UBA y el Conicet. El detalle muestra aumentos de 912 por ciento en transporte, 748 por ciento en gas, 365 por ciento en agua y 263 por ciento en electricidad. Son rubros que pesan cada vez más en el presupuesto de los hogares y que la AUH, aun con mejoras reales, no logra cubrir.
En el conurbano bonaerense, la escena se repite con matices, pero con el mismo trasfondo de falta de trabajo. Elizabeth vive en el barrio San Carlos, en La Plata, es madre de cuatro hijos y cobra la AUH. Hasta hace poco, el ingreso del hogar se completaba con los trabajos de jardinería y albañilería que conseguía su marido los fines de semana, pero desde hace un mes y medio dejaron de llamarlo. “Los que lo contrataban también están con problemas”, explica.
La asignación, dice, nunca fue suficiente por sí sola: “Siempre fue un acompañamiento al laburo, el problema es que no hay laburo”, resume, mientras los servicios y otros gastos crecen por encima de la ayuda. En Punta Lara, también en La Plata, Florencia atraviesa una situación similar. Vive con su pareja y con los 4 hijos de ambos, que perciben AUH. Ella es asesora en nutrición deportiva, pero no consigue empleo y vende desde su casa; su pareja es albañil y cada vez le cuesta más conseguir changas. “Sin trabajo no alcanza ninguna ayuda”, explica, y agrega que las transferencias no cubren las necesidades básicas de las chicas cuando el ingreso laboral desaparece.
Por ahora, la AUH y la Tarjeta Alimentar funcionan como los últimos bastiones de contención en una economía que se desarma por abajo. No alcanzan para cubrir todos los gastos, no compensan el deterioro del empleo ni revierten la pobreza estructural. Apenas evitan que el derrumbe sea todavía más profundo. El problema es que, sin un cambio en el rumbo productivo y laboral, ni siquiera esos bastiones parecen tener garantizado su futuro.