buque británico
Los ingleses navegaron en mar argentino y la oposición le exigió explicaciones al Gobierno nacional
El peronismo pidió un informe al ejecutivo para saber si autorizaron al buque de guerra de Reino Unido a circular por el mar del sur o para que den a conocer qué medidas tomaron una vez ocurrido el episodio.
El paso por el mar argentino del patrullero oceánico HMS Medway, de la marina del Reino Unido, generó nuevas reacciones políticas. Diputados del Peronismo Federal presentaron un pedido de informes para que el Gobierno de Milei responda si autorizó al buque de guerra inglés a navegar en aguas jurisdiccionales argentinas. El patrulllero salió de las Islas Malvinas para llegar a Chile; en su trayecto pasó por aguas argentinas en Santa Cruz y Tierra del Fuego, sin haber dado aviso previo al gobierno nacional. El episodio reavivó el malestar de la sociedad por la presencia inglesa en el sur argentino y reactivó las dudas sobre la política de la Cancillería en relación a la defensa del Atlántico Sur.
En su pedido de informes, los diputados exigieron al Gobierno que dé a conocer qué medidas tomó una vez ocurrido el episodio. Quieren saber además si el ministerio de Relaciones Exteriores va a presentar quejas diplomáticas, ya que la navegación de aguas argentinas sin aviso previo rompió los protocolos de comunicación de postguerra vigentes entre las dos naciones.
El buque militar inglés navegó por aguas argentinas entre el jueves 2 y el viernes 3 de julio de 2026. La armada lo detectó cuando se dirigía al Estrecho de Magallanes. El patrullero, que salió de las islas Malvinas, ingresó a aguas bajo control nacional a la altura de Santa Cruz y Tierra del Fuego sin emitir ningún tipo de aviso previo a las autoridades militares argentinas. Sin embargo, fue detectado por la Armada. Además, una aeronave argentina, la Beechcraft B-200M “Cormorán”, equipada con sistemas de vigilancia electroóptica, le hizo un seguimiento.
A raíz de la polémica que generó la noticia, funcionarios británicos alegaron que habían informado del paso del buque de guerra, pero de acuerdo a trascendidos de personal de de las fuerzas armadas argentinas, la comunicación fue posterior y no previa.
La presencia del patrullero inglés en aguas argentinas fue repudiada por la gobernación de Tierra del Fuego, aunque no por la Cancillería, que omitió toda declaración. De manera casi simultánea se confirmó que Milei planea hacer una visita oficial a Gran Bretaña en el mes de octubre: la decisión parecería ser que nada enturbie los preparativos del viaje presidencial.
Que detalle, por otra parte, si va a hacer un reclamo diplomático.
* Que comunique cómo va a fortalecer el monitoreo del mar argentino para resguardar los intereses nacionales en el Atlántico Sur.
Los acuerdos rotos
Luego de la guerra de Malvinas, una serie de acuerdos entre Argentina y Gran Bretaña establecieron el cese formal de las hostilidades y permitieron restablecer las relaciones entre los dos países. Se trata de los Acuerdos de Madrid I y II, que permitieron reanudar las comunicaciones formales entre las fuerzas armadas para evitar accidentes en las zonas de contacto directo (Acuerdo I). Con el Acuerdo II fue creado un Sistema de Información y Consulta Recíproca, que obliga a las armadas y fuerzas aéreas de ambos países a notificarse anticipadamente cuando una unidad militar opera o transita en zonas sensibles del Atlántico Sur, fijando sistemas de enlace permanentes para evitar “errores de cálculo” o incidentes de combate.
Al no informar anticipadamente sobre el paso del buque, las autoridades británicas incumplieron los Tratados de Madrid.
Para algunos observadores, el cruce sin aviso del patrullero inglés por aguas argentinas constituyó una provocación de gravedad institucional y militar. No menos preocupante resulta que, una vez en Chile, una comitiva británica se reuniera en el buque con oficiales de la armada chilena, en el marco de lo que definieron como “esfuerzos conjuntos para fortalecer la colaboración bilateral en materia de defensa y seguridad”. Esto indicaría que Gran Bretaña no utiliza la Patagonia chilena solamente para reabastecer de combustible sus naves, sino que busca que el vecino país le haga de soporte para reparar y sostener su flota de ocupación en el Atlántico Sur sin necesidad de navegar los 12.000 kilómetros que lo separan de Europa.