se atribuye el éxito
Milei se cuelga del satélite argentino enviado en la misión a la Luna
Javier Milei salió a atribuirse supuestos méritos propios en la trascendencia y éxito de Artemis II, la misión de la NASA que llevó al espacio al microsatélite Atenea producido por instituciones y universidades públicas argentinas que su gobierno desfinanció a lo largo de dos años de mandato.
A través de un comunicado, confirmó que las señales del microsatélite lanzado ayer fueron recibidas “con éxito” por las estaciones ubicadas en Córdoba y Tierra del Fuego.
Pero la singularidad del caso es que en el mismo texto se ufanó de que este logro “es el resultado de un cambio de paradigma impulsado” por él mismo, “quien marcó un rumbo claro de inserción global y de excelencia”.
Los verdaderos impulsores del logro fueron los investigadores las comisiones de Actividades Espaciales (CONAE) y de Energía Atómica (CONEA); el Instituto Argentino de Radioastronomía y las universidades públicas de Buenos Aires (UBA), La Plata (UNLP) y San Martín (UNSAM).
Sin contar a la empresa argentina VENG S.A., que también participó, todos esos organismos e instituciones son víctimas de los durísimos y permanentes recortes presupuestarios y de personal que el Gobierno encara en su permanente política de, estigmatización, desfinanciamiento y disolución de lo público.
Ejemplo de ello fue la paralizacón de la construcción del reactor Carem, de la continuidad del proyecto de satélite ARSAT III, del reactor nuclear RA-10 y de áreas técnicas en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), entre algunos.
A pesar de ser la mano ejecutora de ese ajuste, el jefe de Estado ahora dice que con el éxito de Atenea, “Argentina vuelve a ser parte del concierto de naciones” y que “esto no es casualidad”, porque gracias a su administración “el mundo hoy nos elige”.
Otra singularidad que viene al caso: de paso aprovechó para decir que ese éxito argentino fue también gracias a la Casa Blanca. La llegada del microsatélite al espacio, agregó, marcó “un hito en materia espacial de la Argentina” y consolida “la cooperación de nuestro país con Estados Unidos y la comunidad internacional”.
La reacción de Milei de apropiarse de iniciativas exitosas de organismos donde él mismo ordenó pasar la motosierra y de agarrarse del brazo de la administración de Donald Trump no es nueva.
El ejemplo más cercano es el fallo favorable a la Argentina por la estatización de YPF que él festejó a pesar de haber cuestionado la nacionalización de la petrolera y haber tenido un plan para pagar el reclamo de los fondos buitre que iniciaron esa causa.
Esta vez, Milei se autoatribuyó el logro ajeno del Atenea para confirmar que las “estaciones terrenas de Córdoba y Tierra del Fuego recepcionaron con éxito las señales y datos de telemetría del microsatélite”.
El comunicado emitido por la Oficina del Presidente, escrita en tercera persona pero firmada en primera por el propio Milei, intentó darle un tono épico a la cuestión.
“Hace medio siglo el mundo se paralizó para ver al hombre llegar a la luna –dice el texto-. En aquel entonces, los argentinos lo seguíamos por radio o televisores en blanco y negro. Éramos simplemente espectadores. Hoy la historia nos encuentra siendo parte en primera persona del programa Artemis de la NASA.”
Además, el mandatario calificó a la iniciativa como “una de las misiones más ambiciosas de la era moderna”, cuando en rigor desde hace décadas hay otras de mayor envergadura, y detalló el trabajo que tendrá el microsatélite una vez puesto en órbita.
“Medirá niveles de radiación desde órbita baja hasta el espacio profundo, evaluará el comportamiento de componentes electrónicos en condiciones extremas, analizará señales de navegación GNSS (GPS, GLONASS Y Galileo) a altitudes superiores a sus constelaciones, validará enlaces de comunicación de largo alcance y evaluará sensores de muy baja luminosidad y sistemas de medición de radiación.”
Todo eso, supuestamente gracias a él: “Argentina vuelve a ser parte del concierto de las naciones que hacen historia y esto no es casualidad. Es el resultado de un cambio de paradigma impulsado por el presidente Javier Milei, quien marcó un rumbo claro de inserción global y de excelencia”. Gloria y loor, honra sin par.