partero en centros clandestinos
Murió el genocida Jorge Antonio Bergés, el obstetra del mal
Falleció a los 83 años con varias condenas en su haber: la última, a prisión perpetua. Desde hacía tiempo, gozaba de prisión domiciliaria en su casa en el partido de Quilmes.
Jorge Antonio Bergés se llevó muchos secretos a la tumba. Médico de la policía bonaerense durante la última dictadura y buena parte de la democracia, Bergés atendía los partos en los centros clandestinos que funcionaban en lo que se conoció como el Circuito Camps. Fue un eslabón clave en el sistema de apropiación de bebés durante aquellos años. Murió a los 83 años con varias condenas en su haber: la última, a prisión perpetua.
Bergés gozaba hacía tiempo de prisión domiciliaria en su casa en el partido de Quilmes. El lunes, llegó la noticia al Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de que había fallecido en el sanatorio Urquiza de esa ciudad.
Bergés ingresó a la Bonaerense en 1964. Su primer destino fue en una comisaría de Avellaneda. Para la época del golpe de Estado, estaba destinado a la Dirección General de Investigaciones (DGI), que estaba al mando de Miguel Osvaldo Etchecolatz.
Para 1984, pasó a depender de la Dirección de Servicios Sociales. Estuvo detenido en los primeros tiempos de la democracia, pero después fue favorecido por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. En aquellas épocas, Bergés solía decir que lo habían apresado por presión de Raúl Alfonsín.
Adriana Calvo, primera sobreviviente en testificar en el Juicio a las Juntas, relató cómo dio a luz a su hija Teresa en un coche que se trasladaba desde la Comisaría 5ª de La Plata hasta el Pozo de Banfield. En el campo de concentración de Lomas de Zamora, Bergés hizo su aparición en escena: de un solo puñetazo le arrancó la placenta y le ordenó que baldeara el lugar. Solo después de limpiar, él y los otros represores le permitieron tomar a su bebita en brazos.
Al enterarse de la noticia, el sobreviviente Pablo Díaz se sinceró. “Me vuelve todo a la memoria”. Fue Bergés quien le ordenó a Pablo que le limpiara las heridas a Osvaldo Bussetto o que compartiera celda con Gabriela Carriquiriborde hasta que comenzara con el trabajo de parto.
Lo de Bergés no solo fue el plan sistemático de robo de bebés sino también el tráfico de criaturas no vinculadas al terrorismo de Estado. “Bergés tuvo una estructura que le permitió apropiarse de los hijos y las hijas de las personas que están desaparecidas, pero, además, continuó utilizando esa misma estructura para el tráfico de niños y de niñas. Eso también marca que estamos hablando de continuidades que exceden los años del terrorismo de Estado. En este caso se ve un punto que es fundamental, que tiene que ver con la violencia hacia niños y niñas a través de privarles de su identidad durante la dictadura, pero también durante la democracia”, señala la auxiliar fiscal Ana Oberlin.
Bergés tuvo una clínica en Quilmes. En plena era de impunidad, los organismos de derechos humanos impulsaron un juicio ético contra el médico represor. En 1996, la Organización Revolucionaria del Pueblo (ERP) atentó contra Bergés. Recién en marzo de 1997, la Bonaerense lo consideró “prescindible”. Hasta tiempo antes, lo había premiado con distintos reconocimientos.
Bergés cosechó condenas desde los años ‘80: lo sentenciaron a seis años de prisión en la llamada Causa 44. También fue condenado por las apropiaciones de Carmen Gallo Sanz y Pedro Nadal García. En marzo del año pasado, recibió la pena de prisión perpetua en el juicio de las brigadas de Lanús, Quilmes y Banfield. Al momento de su muerte, estaba siendo juzgado por el secuestro y los tormentos que padeció Jorge Julio López en la Comisaría 5ª de La Plata.
Teresa Laborde Calvo, ese bebita muerta de frío que esperaba que su mamá –que acababa de parir– terminara de trapear para sostenerla en brazos, al enterarse de la muerte de Bergés, escribió: “Murió el ‘obstetra del mal’ sin decirnos dónde están los bebés que se robó”, afirmó. Y completó: “Ojalá se pudra en los anales de la historia como la escoria humana que fue”.