automedicación, virus y bacterias
Presentan un plan nacional para combatir el mal uso de los antibióticos
Infecciones que antes se curaban con tratamientos convencionales, se vuelven más difíciles de manejar y provocan millones de muertes. El Ministerio de Salud difunde nuevas líneas de acción y pautas.
El Gobierno aprobó un plan nacional orientado al uso adecuado de los antimicrobianos. Se busca combatir un problema que escala con velocidad y que está destinado a convertirse en una de las principales amenazas a la salud pública global. Con una hoja de ruta que se extiende hasta el 2029, el Ministerio de Salud plantea la necesidad de promover el consumo correcto de antibióticos, antivirales, antimicóticos y antiparasitarios, tanto en humanos como en animales. Se estima que a nivel mundial, el mal uso de estos fármacos provoca un millón de fallecimientos directos y cinco millones de muertes indirectas anuales. Lo que es peor: de cara a 2050 esas cifras podrían duplicarse.
En el presente, la automedicación es moneda corriente. A mediano plazo, lo que sucede con esta práctica en la que la gente decide qué medicamento tomar sin la consulta de un profesional, no conduce a nada bueno. Sencillamente, las bacterias, los virus, los hongos y los parásitos desarrollan herramientas para burlar las respuestas del sistema inmune de los individuos y vuelven ineficaces a los medicamentos que antes funcionaban. Es lo que se conoce como resistencia a los antimicrobianos (RAM). De hecho, ya existen bacterias multirresistentes --popularmente denominadas “superbacterias”-- que provocan cuadros en los pacientes que no pueden ser abordados mediante ningún medicamento.
Alejandro Vila, investigador superior del Conicet en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario, dice “Aún en el contexto de desvinculación de Argentina de la Organización Mundial de la Salud, es muy importante que se haya aprobado este plan porque permite poner en funcionamiento la Ley de prevención y control de resistencia a los antimicrobianos (27.680). En este sentido, hay una gran cantidad de efectores de salud que vienen trabajando desde hace rato para poder confeccionar este plan. El servicio de antimicrobianos del Instituto Malbrán, por ejemplo, ha contribuido muchísimo a desarrollar el proyecto”. Y sintetiza: "Es una muy buena noticia para la salud pública porque implica cuidar a los antibióticos, que, en definitiva, no es ni más ni menos que proteger la salud de cada uno de nosotros“.
Entre los objetivos esbozados del plan de acción gubernamental, se encuentra la reducción de las infecciones vinculadas al cuidado de la salud, así como también, robustecer la infraestructura y las prácticas relacionadas a la prevención, la vigilancia y el control del consumo de antimicrobianos. Se trata de un plan que se prolongará desde 2026 hasta 2029 y se plantea metas medibles, entre las que se destaca la capacitación y la concientización continua de los profesionales médicos en el conocimiento de esta problemática.
Además, hay otras directrices del plan nacional vinculadas a la vigilancia epidemiológica y microbiológica a partir de un sistema de vigilancia nacional destinado a medir los consumos de antimicrobianos; y también reducir las infecciones intrahospitalarias mediante la puesta en marcha de medidas de higiene y saneamiento.
Por otra parte, en línea con la necesidad de optimizar el uso de los medicamentos, se diseñarán nuevas estrategias de fiscalización de las ventas mediante receta archivada y se buscará mejorar su uso en el nivel ambulatorio. En muchos casos, los médicos realizan consultas telefónicas con los usuarios e indican la toma de un medicamento sin haber revisado al paciente; únicamente a partir del relato oral de su experiencia.
Por último, desde el Gobierno, también instan al desarrollo de estudios que contribuyan a sumar evidencia científica sobre los impactos económicos de la RAM. Según datos de la OMS, se cree que la resistencia podría generar costos adicionales de atención médica de un billón de dólares hacia la mitad de siglo.
¿De héroes a villanos?
Con su aparición, durante la primera mitad del siglo XX, los antibióticos constituyeron una de las principales hazañas de la ciencia y la tecnología modernas. Sencillamente, el mundo dejó de tener miedo a morir de infecciones. Alexander Fleming dio el puntapié para una revolución que a la fecha salvó miles de millones de vidas. Los primeros en agradecer los avances provenientes desde los laboratorios fueron los soldados que salvaron su pellejo en plena Segunda Guerra Mundial.
No obstante, el empleo excesivo de los medicamentos trajo como consecuencia un daño colateral. Con el tiempo, los patógenos se volvieron más resistentes e infecciones que en el pasado podían curarse sin problemas, en la actualidad requieren de respuestas más robustas y contundentes por parte de la industria farmacéutica. Así es cómo se instala una carrera que parece no tener fin.
Para colmo, como los patógenos se vuelven resistentes, se torna más difícil su combate y ello redunda en internaciones mucho más prolongadas. Tratamientos que, en definitiva, se tornan más costosos.
Aunque habitualmente se suele pensar que este proceso de resistencia que adquieren los patógenos a los medicamentos es desencadenado por las prácticas de automedicación, también existen otros fenómenos que participan y la impulsan. Por ejemplo, lo que sucede en la industria ganadera y las prácticas veterinarias. En ese campo también florecen las infecciones que, aunque hace décadas eran controladas sin problemas, ahora se vuelven difíciles de manejar.
De ahí la paradoja del progreso: precisamente cuando la industria farmacéutica está más consolidada, se instalan conflictos de salud pública que en el pasado no existían.