De cara al 7F
Se viene la segunda Marcha Antifascista y Antirracista
A un año de los ataques de Javier Milei a la comunidad LGBTIQI+ en Davos y la reacción de las disidencias sexuales en las calles, este 7 de febrero habrá otra Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista.
La comunidad LGBTIQI+ organiza una nueva Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista. Esta marcha será la segunda marcha federal de estas características que las disidencias sexuales realizarán durante el gobierno de Javier Milei, la primera ocurrió el 1 de febrero del año pasado como una reacción a los ataques del presidente argentino en el Foro Económico de Davos, donde vinculó a la homosexualidad con la pedofilia, y pronunció en contra de los feminismos, la migración y de lo “woke”.
El sábado pasado, decenas de personas llegaron autoconvocadas a una asamblea en el Parque Lezama. La multitud era apenas la cuarta parte de la cantidad de personas que llegaron a la primera asamblea antifascista y antirracista del año pasado. En el encuentro hubo participación de representantes de diferentes sectores golpeados por el ajuste fiscal y la batalla cultural del Gobierno liberal: disidencias sexuales, seropositivos, afros, migrantes, trabajadoras sexuales, trabajadorxs de instituciones públicas y jubiladxs.
Desde el micrófono instalado en la glorieta del parque, más de 30 oradorxs expusieron las problemáticas que atraviesan y que les parecen necesarias unificar en la próxima marcha, tal como ocurrió el año pasado. El hecho de que se aglomeraran varias luchas hizo que la marcha fuera multitudinaria tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en otras ciudades del interior.
Además de denunciar los retrocesos en derechos humanos en Argentina, como la eliminación de políticas públicas a favor de las mujeres y las disidencias, la violencia policial en las calles y la reforma laboral, lxs participantes se pronunciaron por la invasión militar de Estados Unidos en Venezuela, el genocidio en Gaza y la injerencia estadounidense en la región.
“Yo creo que esta asamblea es, en principio, un anuncio de que sí podemos llenar la calle, que sí podemos organizarnos, y que este sujeto político distinto, particular, transversal, que es este movimiento LGBTIQ +, también en alianza con las trabajadores sexuales, en alianza con las personas en situación de calle, en alianza con quienes sufren el punitivismo cotidiano, sabe tejer alianzas, resistencias, y vamos a llenar las calles”, dijo en su intervención la activista Marta Dillon.
La marcha del 1 de febrero del año pasado fue días después de los ataques de Milei en Davos. Para organizar esa marcha hubo dos asambleas multitudinarias en el parque Lezama, a las cuales llegaron autoconvocadxs cientos de personas que decidieron dividir la movilización por bloques, encabezada por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo junto con el colectivo travesti-trans, seguido de migrantes y personas de poblaciones originarias.
La convocatoria hizo eco en la sociedad argentina al punto de que de la misma participaron médicxs de hospitales públicos, sobrevivientes de la dictadura, jubiladxs, asambleas barriales y hasta partidos políticos. En respuesta a la movilización, La Libertad Avanza reformó la Ley de Identidad de Género para prohibir la hormonización en las y los adolescentes trans menores de 18 años tras una campaña de desinformación comandada por funcionarixs e ideológos.
El racismo estructural
“Yo realmente he vivido momentos peores, no estoy en el peor momento. Este es el peor momento para un sector LGBTIQ + capitalino, clase media, urbano, que tiene determinado acceso a muchos derechos, que se ven interpelados”, señala, a Soy, Marlene Wayar, activista travesti, quien cuenta que desde los 15 años fue apresada por su identidad sexual, pero que años después aún hay mujeres trans que se dedican al trabajo sexual en la calle como única alternativa de vida por la falta de políticas públicas del gobierno pasado y del gobierno actual.
Para Wayar, los encuentros como la asamblea del sábado son transformadores y una marcha multitudinaria es una postal mundial sobre “el otro sentido de mundo” que busca la sociedad argentina, plantándose en las calles para pedir respeto por los derechos humanos, pero señala que luego debe haber un trabajo para acabar con los “microfascismos” y el racismo estructural del que tampoco escapa la diversidad sexual.
“Es un logro para nosotros que tengamos no solamente una asamblea, sino que la palabra ‘antirracista’ los haga pensar sobre lo que significa”, dice a Soy, por su parte, la activista afro Sandra Chagas, quien forma parte de la comisión antirracista de la asamblea LGBTIQ +. Chagas considera que la sociedad argentina es “absolutamente racista” y por ende en algunos espacios puede no haber discriminación por las identidades u orientaciones sexuales, pero sí por el color de piel. “De repente te respetan de una manera y de la otra te minimizan. Tenemos una lucha bastante desigual”, dice.
Mientras Milei estará esta semana a Davos, donde podría seguir atacando a la población LGBTIQI+, en Argentina convocan a una nueva asamblea para el próximo sábado en la plaza Garay, en el barrio de Constitución. Faltan todavía voces por escuchar, definir las actividades para una semana de lucha previo al 7 de febrero y la marcha contra la reforma laboral, el 10 de febrero. También falta una consigna que unifique todas las luchas, aunque de momento la que ya comenzó a circular es “Acá no sobra nadie. Ninguna vida es