32 años de la amia

Un teléfono y las pistas falsas de la SIDE

En la revisión de los archivos de la SIDE apareció un listado de teléfonos que se ocultó a la justicia. Hay polémica por un testigo al que le pagaron. Los actos de este viernes.

Caos y hasta guerra entre la SIDE, la Policía Federal y la justicia, al principio de la investigación del atentado contra la AMIA, en 1994. Eso es lo que se pone sobre el tapete al cumplirse este sábado el 32 aniversario del ataque a la mutual judía. De repente, el Area de Análisis de la Unidad Fiscal de Investigación del caso AMIA, encontró un papel con teléfonos que provienen de una agenda electrónica del vendedor de autos Carlos Telleldín, el que vendió la Trafic que estalló en Pasteur 633. El papel se encontró en los archivos de la SIDE, pero no se sabe bien quién proveyó la información originada en una agenda supuestamente perdida y, además, no se le informó al juzgado ni a la fiscalía en su momento. En el listado, figura el teléfono de Ricardo Horacio Elía, un hombre muy cercano a uno de los acusados por el atentado, el agregado cultural Mohsen Rabbani. O sea, podría haber sido un vínculo entre Rabbani y el ataque. Pero, además, regresó la polémica por un testigo, al que le pagaron, que apuntó a los iraníes antes del atentado contra la AMIA y que fue minimizado por la SIDE en su momento. Otra vez el servicio de inteligencia jugando un papel oscuro. Ese testigo A ahora sería desechado por el fiscal AMIA, Sebastián Basso, por el pago y por cómo llegó al expediente. También hay una movida estratégica de la fiscalía. El objetivo -en algún momento se hará el juicio en ausencia- es apuntar contra un grupo de libaneses, proiraníes, como autores del ataque y no contra Rabbani y los diplomáticos iraníes que estaban en la Argentina.

La lista de teléfonos

Gracias a la presión de los familiares de las víctimas del atentado, desde hace años se hace una revisión y digitalización de toda la documentación de la SIDE referida al atentado. El trabajo está dirigido por Pablo Ubiña, a cargo del Area de Análisis. En ese marco, apareció un listado de 40 teléfonos que provendrían de una agenda de Carlos Tellendin. La lista es novedosa, por lo que se cree que proviene de una agenda electrónica que, increíblemente, se perdió. Hay policías que declararon como testigos y señalaron que se secuestró esa agenda, pero después no apareció. Y está la sospecha de que se la quedó la SIDE, sin judicializarla.

El papel con los teléfonos no tiene identificación alguna. No está claro quién lo aportó. Pero el dato central es que en el listado de Telleldín figura el 582-5771 (en esa época no se ponía el 4 adelante en los teléfonos fijos), a nombre de Agueda Pappalardo de Elía. Sucede que el hijo de la mujer, Ricardo Horacio Elía, que en la comunidad islámica tenía el nombre de Shamsudine Elía, era una especie de mano derecha de Rabbani, el hombre que en la causa AMIA era considerado el ideólogo y supervisor del ataque.

Alrededor de Elía se puso en marcha una controversia: se pidió la realización de una pericia caligráfica para ver si fue quien firmó el boleto de compra de la camioneta Trafic que Telleldín entregó a dos personas sin identificar el 10 de julio de 1994, 8 días antes del atentado. El defensor oficial Hernán Silva pidió la nulidad de esa medida porque hasta ahora Elia es un testigo que declaró en ese carácter -testigo- en 2016. Y, lo que se pretendía, era usar la firma que puso en su declaración de ese año para cotejarla con la del boleto de la Trafic. El juez de la causa, Daniel Rafecas, le dio la razón al defensor oficial. Le contestó al fiscal Basso, a la AMIA y a la DAIA que si querían avanzar sobre Elía debían formular una imputación concreta y no usar una firma de cuando fue testigo.

Datos asombrosos. Elía es un teórico muy conocido del Islam, autor de varios libros y declarado Personalidad Destacada de la cultura de la Ciudad de Buenos Aires el 2 de agosto de 2018. En el informe del Área de Análisis dice que antes de su conversión al Islam estuvo vinculado con Montoneros, que viajó en un vuelo a principios de los 90 con el exjefe montonero Rodolfo Galimberti (por entonces, Galimberti trabajaba para agencias privadas de seguridad norteamericanas) y que después del atentado intervino en movimientos sospechosos: retiró valijas diplomáticas el 8 de julio de 1994 con un peso de 644 kilos y salió de la Argentina el mismo 18 de julio de 1994, el día del atentado.

Habrá que ver lo que deciden los acusadores ahora, pero lo sustancial es que todos esos elementos estaban en una investigación de la SIDE y no en el expediente de la justicia. Evidencia de las guerras, intrigas, que existieron en la investigación del atentado.

El testigo controvertido

Ya se publicó en algunas oportunidades la existencia de un llamado Testigo A, cuyo nombre no se publica para preservar la confidencialidad impuesta por la justicia. El hombre, de origen iraní, se presentó en febrero de 1994 ante varios periodistas con un texto en inglés de 11 puntos en los que se señalaban los datos que el testigo tenía sobre el atentado contra la Embajada de Israel. Mencionaba tácitamente a un grupo de la zona de la Triple Frontera, respaldado por Irán, pero ofrecía la información a cambio de 50.000 dólares. Siempre estuvo la sospecha de que era un informante de la SIDE y que la agencia de inteligencia no le prestaba atención.

Después del atentado, el Testigo A volvió a la carga con su propuesta y su pedido de 50.000 dólares. La SIDE terminó, con la autorización del juzgado, aceptando el trato. Una suma de dinero fue pagada por un particular. El Testigo A fue el primero que nombró a Salman El Reda, Salman Raouf, libanés, supuestamente de Hezbollah, el principal sospechoso hoy de vinculación con el ataque a la AMIA y será el centro del juicio en ausencia cuando se haga. De todas maneras, en su momento, la SIDE dictaminó que el Testigo A no aportaba ningún elemento novedoso. Sin embargo, lo de Raouf, con dirección y todo, era novedoso y, aparentemente, importante.

El fiscal Basso amagó con retomar las sendas trazadas por el Testigo A y usar su versión en el juicio. Pero al final parece que desiste: por el pago y por las irregularidades que lo rodean como testigo apegado a la SIDE. De todas maneras, exhibe otro ejemplo de las idas y vueltas entre el aparato de inteligencia y el aparato judicial.

Un juicio que tardará

Por ahora, todo indica que el proceso hacia el juicio en ausencia llevará todavía dos años. Está todavía pendiente que la Cámara de Casación convalide como constitucional la ley para juzgar a personas que no están en el país y a los que nunca se les tomó ni se les tomará declaración indagatoria. Hoy por hoy, hay un periodo de notificación a los acusados, en sus supuestos domicilios de Irán y El Líbano, pero serán notificaciones que no tendrán respuesta. Después vendrán las apelaciones por parte de la defensa oficial, encabezada por Silva, al requerimiento acusatorio; la designación de un Tribunal Oral, más apelaciones y demoras procesales. El cálculo más razonable hace pensar en un juicio en 2028.

Desde el punto de vista de la estrategia fiscal, el acento no está puesto en los diplomáticos iraníes que estaba en la Argentina. Hay pocas evidencias contra ellos. Es más, hasta el Mossad -nota publicada en el New York Times en julio de 2022- sostuvo que no intervino ningún iraní “en el terreno”. La acusación de Basso se concentra en que la mano de obra fue de libaneses -con Raouf a la cabeza-, sacando del centro de la escena a Rabbani, al exembajador Hadi Soleimanpour y al tercer secretario de la delegación diplomática en Buenos Aires.

Como se ve por lo que ocurrió con la agenda de Telleldín o con el Testigo A, la investigación estuvo llena de internas, traiciones, guerras entre la inteligencia, la Policía Federal y la justicia. O sea que Basso tiene que armar la acusación en ese marco, sin tener los elementos fundamentales de lo que ocurrió: no se sabe quién manejó la camioneta hasta la AMIA -el ADN de un sospechoso dio negativo-, no se sabe de dónde salieron los explosivos, donde se armó el coche bomba ni quienes entraron y salieron del país para concretar el ataque.

“El trabajo de análisis sobre los archivos de inteligencia desclasificados no para de dar cuenta de graves irregularidades y delitos en el accionar de la SIDE, que aparece como la gran responsable de la impunidad total en la que aún hoy se encuentra el caso -señala Alejandro Rúa, extitular de la Unidad AMIA del Ministerio de Justicia y autor del libro 30 días, sobre el atentado-. Se han detectado decenas de documentos que muestran sus operaciones a lo largo del tiempo, tanto para ocultar la información, como para directamente involucrar falsamente a quienes luego terminan desvinculados. El propio juez Rafecas ha advertido que el proceso actual no implica convalidar lo actuado, sino habilitar una instancia de debate público en la que pueda salir luz lo realmente sucedido. En eso estaremos todavía en los próximos años”.

Actos y conmemoraciones

Los actos por los 32 años del atentado contra la AMIA fueron pautados para este viernes dado que el aniversario es el 18 de julio, el sábado, pero se respeta el shabat de la comunidad judía. Como siempre, el acto oficial de AMIA y DAIA se concretó frente al edificio de Pasteur 633, donde fue el atentado. El orador de fondo fue el presidente de AMIA, Osvaldo Armoza, y también hizo uso de la palabra un grupo de familiares. El acto lo condujo Martín Seefeld y la consigna fue “Hoy no podemos perder la memoria”. Estuvo presente el presidente Javier Milei, que al igual que el año pasado estuvo con su hermana Karina, secretaria general de la Presidencia.

A la misma hora, las 9.30, en Plaza Lavalle, frente a Tribunales, se realizó el acto de los familiares y amigos de las víctimas del atentado, agrupados en Memoria Activa. La oradora de cierre será Diana Malamud, esposa del arquitecto Andrés Malamud, asesinado en el ataque. La consigna fue “Causa AMIA, una tragedia argentina”, lo que adelanta una dura crítica a la forma en que se manejó el expediente a lo largo de los 32 años transcurridos desde 1994. El orador invitado será el periodista Guillermo Lipis.