tecnología agroindustrial
Una científica del Conicet fue premiada por un organismo de la ONU
La docente e investigadora Renata Reinheimer recibió un premio anual otorgado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). También fue reconocida INFIRA, una empresa de base tecnológica dedicada al agro, de la cual la científica es CEO y fundadora.
En 2020, Renata Reinheimer, una docente e investigadora de Conicet santafesina, decide fundar en Santa Fe la empresa INFIRA junto a la ingeniera química Cecilia Arolfo y la especialista en transferencia tecnológica Victoria Nagel. Su objetivo era claro: desarrollar una tecnología agroindustrial quemejorara los niveles de producción, restaurara los suelos, y redujera la huella ecológica de la práctica agrícola. Ninguna imaginaba que, seis años después, sus proyectos darían frutos y serían premiadas entre varias otras emprendedoras y emprendedores por una entidad de Naciones Unidas (ONU).
Para la docente litoraleña, INFIRA implicó un desafío científico inédito, pero también un reto personal: el de romper con un prejuicio de que investigar y emprender son caminos opuestos.
A través de INFIRA, las especialistas se habían propuesto desarrollar una tecnología que pudiera convertir cultivos intensivos anuales (vida corta) en cultivos perennes (vida larga), y así lograr, simultáneamente, mejorar los niveles de producción, restaurar suelos y reducir la huella ecológica de la práctica agrícola.
En aquel momento, el desarrollo solo había sido probado a escala de laboratorio y en una especie sin interés comercial, aunque de valor científico, tras haber revelado, a nivel de ciencia básica, mecanismos moleculares responsables de regular la longevidad de las plantas.
Pero el proyecto creció, y el desarrollo comenzó a ser probado posteriormente con éxito a nivel de invernadero en cultivos de arroz. Las variedades en las que probaban el experimento mostraron ser más productivas, así como vivir al menos dos ciclos.
Actualmente, la empresa ensaya su segunda campaña a campo con el primer arroz perenne de la región. El desafío que enfrentan actualmente es poder probar el impacto de la tecnología a escala productiva, así como avanzar en la extrapolación de la tecnología a otros cultivos de interés agronómico.
En este sentido, las científicas destacan que se trata de una tecnología “calcable”, lo que significa que puede extrapolarse a diversos cultivos de interés comercial como el arroz, la soja y el maíz.
En reconocimiento por sus descubrimientos, Reinheimer recibió el premio a la Mejor Emprendedora de 2026 por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).
En la misma ceremonia, también fue destacada INFIRA, siendo ganadora de la categoría Agricultura y Alimentación, entre las empresas emergentes.
El organismo de la ONU entrega todos los años estos premios a los emprendedores y empresas que utilizan la propiedad intelectual para llevar soluciones al mercado y expandirse a escala internacional.
Reinheimer trabaja en el Instituto Agrobiotecnología del Litoral (IAL, CONICET-UNL) y también es profesora de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).
Su emprendimiento se ponderó junto al de otras 10 empresas, que obtuvieron el premio en diferentes categorías, sobre un total de 1.300 candidaturas provenientes de 126 países distintos.
“Es una distinción que recibo con mucha alegría y también con un fuerte sentido de responsabilidad“, consignó la investigadora.
Y siguió: Durante muchos años me formé y trabajé principalmente como docente e investigadora. Convertirse además en emprendedora implicó salir de mi zona de confort, aprender nuevas herramientas y asumir riesgos que no son habituales en una carrera científica tradicional. Para mí, este reconocimiento demuestra que investigar y emprender no son caminos opuestos. La ciencia genera conocimiento y, al mismo tiempo, puede transformarse en tecnología, empleo y soluciones para problemas reales”, expresó.
Asimismo, explicó cuáles son las metas que buscarán superar a futuro: “queremos lograr que la tecnología de INFIRA llegue al campo y pueda demostrar su impacto a escala productiva“.
“Nuestro sueño es que, en algunos años, existan cultivos desarrollados con nuestra tecnología que puedan rebrotar después de la cosecha, mantener sistemas radiculares más profundos y contribuir a una agricultura más productiva y regenerativa“, señala la científica galardonada”, puntualizó.
De cultivos anuales a cultivos perennes
“La agricultura actual depende de cultivos anuales: trigo, soja, maíz y arroz. Cada año, el 70 por ciento de las tierras agrícolas del mundo pasa por ciclos repetidos de siembra y cosecha, con un uso intensivo de maquinaria, agua e insumos. INFIRA, una empresa emergente de la Argentina, reactivó un gen que las plantas perdieron hace 80 millones de años, lo que permite a los cultivos rebrotar temporada tras temporada a partir de una sola siembra”, explica el texto con el que la OMPI acompañó la mención del premio.
La idea fundamental que articuló este proyectó científico-tecnológico desde el inicio es que los cultivos intensivos, que actualmente tienen una duración anual, poseen ancestros que en algún momento de la evolución fueron especies vegetales silvestres de carácter perenne, que tenían vidas más largas.
La segunda idea es que esa perennidad puede ser restablecida para aumentar la productividad de los cultivos y reducir la huella ecológica de las prácticas agrícolas, así como la erosión de los suelos. En este marco, perennidad significa que un cultivo rebrote una o dos veces más después de la primera cosecha, sin necesidad de tener que sembrar todos los años.
La importancia de esta tecnología radica en que permitiría, al mismo tiempo, obtener mejores rendimientos (mayor biomasa) y aumentar la sostenibilidad ambiental. Además, al no tener que sembrar el cultivo todos los años, se reducirían los costos a partir del segundo ciclo y se protegerían los suelos, dado que las plantas perennes desarrollan sistemas radiculares más vigorosos y profundos, previniendo la erosión y mejorando la captura de carbono y nutrientes.
“El arroz es actualmente nuestro desarrollo más avanzado, pero también estamos trabajando en otros cultivos. Para ello, la asociatividad con diferentes actores de la cadena de valor es clave para lograr con éxito la transición al campo. En eso estamos trabajando actualmente, buscamos asociarnos con empresas con objetivos declarados de reducción de impacto de la agricultura, semilleras locales y/o familiares e instituciones con foco en recuperar suelos o reducir el impacto de la agricultura en el ambiente”, indicó Reinheimer.
“Recibir este reconocimiento como mujer, investigadora y emprendedora argentina tiene un significado especial, porque nos permite mostrarle al mundo que en nuestro país hacemos ciencia de calidad, y podemos transformar el conocimiento en tecnologías innovadoras y desarrollar soluciones con impacto global”.
Y agrega para finalizar: “Este reconocimiento también muestra que el talento existe en todo el país y que, cuando la ciencia se articula con universidades, empresas, organismos públicos e inversores, puede generar innovación de alto valor. Argentina tiene investigadores extraordinarios; el desafío es crear las condiciones para que más descubrimientos puedan avanzar desde el laboratorio hasta la sociedad y el mercado”, cerró.