Un muerto y ocho heridos
“Sorpresa”: cómo fue el tiroteo en la escuela de Santa Fe
Este lunes un adolescente de 15 años disparó con la escopeta de su abuelo a mansalva en su escuela. El hecho dejó a la comunidad conmocionada.
“Sorpresa”, dijo y empezó a disparar. El estudiante, de 15 años, había llevado un arma escondida en un estuche de guitarra. Era su escuela en la localidad santafesina de San Cristóbal --donde habitan alrededor de quince mil personas-- y abrió fuego antes del izamiento de la bandera a las 7.30 de la mañana. Un chico de 13 años murió, dos resultaron heridos por las balas y otros seis por las heridas producto de la huida apresurada. En segundos, el horror se apoderó de la escuela y la ciudad toda. La conmoción se extendió al país entero. A la noche, la comunidad educativa y cientos de vecinos se congregaron frente a la escuela para homenajear a las víctimas y en reclamo de justicia.
Los estudiantes de la Escuela N°40 Mariano Moreno estaban en el patio interno cuando el adolescente sacó una escopeta calibre 12. Así, comenzó una huida desesperada: sus compañeros corrieron hacia las aulas a resguardarse o salieron de la escuela por las puertas o rompiendo ventanas. “Salieron todos corriendo por atrás, otros saltaron alambrados e incluso saltaron de las ventanas del edificio”, contó una de las madres de la comunidad educativa.
La Coordinadora de Educación de San Cristóbal, Carolina Morel, que estaba en la sala de profesores, recordó: “Se escuchó un estruendo. Pensamos que había sido un petardo o una bomba de estruendo de los chicos de los años superiores, hasta que entró una docente y dijo que estaban disparando”. La escuela es de las más concurridas en la ciudad y asisten al turno mañana 300 alumnos que tendrían que haber estado en formación cuando sucedió el tiroteo.
“Llamamos al 911, nos tiramos al piso y trabamos las puertas”, contó Morel, ya que otro profesor vio que se acercaba hacia la sala. En el medio del caos, un preceptor lo sujetó y desarmó. “Estaba sentadito, sostenido por dos preceptores. Su cara daba a pensar que estaba en shock. No sé si registraba lo que había pasado”, relató la profesora que también advirtió que el joven sabía disparar. La Policía llegó rápido, detuvo al adolescente y secuestró el arma y cartuchos.
Antes de disparar en el patio interno, el agresor disparó en el baño de varones. El estallido no generó alarma porque algunos pensaron que era una puerta o un matafuegos que se había caído y otros lo atribuyeron a una costumbre estudiantil de tirar petardos en los baños. Según algunas estudiantes que estaban formando, del baño salieron dos jóvenes, uno de ellos agarrándose el brazo, y cuando uno se dio vuelta, salió el agresor con el arma preparada y le apuntó al pecho. El chico cayó en seco. “No me puedo sacar de la cabeza lo que vi”, dijo una de las testigos.
En el baño realizaron un relevamiento fotográfico y criminalístico. Se encontraron dos vainas servidas, varios cartuchos calibre 12/70 UAB, un taco contenedor de cartucho, perdigones y una mochila y un buzo de color negro. En la escena tomaron muestras y realizaron el dermotest, que encontró en sus dos manos residuos de disparos de la escopeta.
El servicio de emergencia atendió a los seis heridos por haber cruzado el vidrio en la huida del lugar y los derivó al hospital local. En tanto, trasladó a los dos jóvenes heridos de bala a hospitales especializados. El de 13 años ingresó al Hospital Alassia a la mañana en estado de gravedad por las heridas en cara, cuello y torso, pero hacia la tarde los médicos declararon que estaba estable. El otro joven tenía uno de sus brazos heridos y fue trasladado Hospital Regional de Rafaela “Dr. Jaime Ferré”, ubicado a 115 kilómetros de distancia.
Un niño sin vida
“Cuando salgo, vi un niño tirado a la salida de un baño, inmóvil. Me acerqué y advertí que no tenía signos vitales”, contó Morel. Ese chico era Ian Cabrera, cursaba su primer año de secundaria y era el único hijo de Mirian Gabriela Núñez (44), quien trabaja como maestra jardinera, y de Hugo Leandro Cabrera (40), empleado municipal.
Morel contó que la familia del niño se acercó a la escuela porque no encontraba a su hijo en la plaza, donde los estaban retirando, y recién entonces lo identificaron.
El preadolescente jugaba como arquero en el Club Independiente de San Cristóbal, que lo despidió con un mensaje sentido en sus redes sociales: “Nos toca atravesar uno de los momentos más dolorosos que puede vivir una comunidad. Con el corazón completamente roto, despedimos a uno de los nuestros, un chico que creció, compartió y dejó su huella en nuestro club”.
El gremio docente provincial, Amsafe, se solidarizó con toda la comunidad educativa y llamó a “fortalecer los espacios de cuidado, convivencia, escucha, prevención y acompañamiento integral en las escuelas, así como también la presencia de políticas públicas que abracen y sostengan a nuestras comunidades educativas”. Por eso, aseguró: “La escuela debe seguir siendo un espacio de encuentro, de construcción de vínculos, de cuidado de la vida y de defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes”.
“Nunca fue un chico problemático”
Morel contó que el atacante “era un buen alumno, nunca fue un chico problemático”. Los medios locales recuperaron que la familia tiene un comercio en el centro de la localidad y que su madre es docente. La escopeta de caño recortado con la que el adolescente disparó pertenecía al abuelo, quien la reconoció como suya e indicó que hasta el domingo a la noche estaba en su casa.
El ministro de Educación de Santa Fe, José Goity, afirmó que “atravesaba una situación intrafamiliar muy compleja” y que “no se trató de un hecho intraescolar”. Según autoridades oficiales, el adolescente no tenía antecedentes policiales ni intervenciones escolares.
El abogado Néstor Oroño contó que fue contactado por el padre del agresor luego del trágico episodio. “De una manera imprevista se produjo este hecho lamentable. (El joven) no había exteriorizado signos de violencia, pero había tenido algunos episodios de atentados contra su propia vida”, señaló el letrado.
En esa línea, explicó: “Había sido víctima de varios episodios de bullying. Los intentos de suicidio motivaron a que estuviera bajo tratamiento psicológico. Pero nada hacía prever que desarrollara un episodio de violencia como lo que sucedió“.
De todas formas, aclaró: “Nosotros sabemos de qué lado estamos técnicamente, pero la familia de la víctima fatal está muy golpeada y no queremos subvertir los roles ni las posiciones. Esto es una tragedia”. “Tenemos una certeza y es que el papá no utiliza armas, no era de él y no cazaba. ¿Cómo la procuró y de dónde? Eso lo tendrá que determinar la investigación", cerró.
La causa quedó a cargo de la fiscal de menores de San Cristóbal, Carina Gerbaldo, y del fiscal Mauricio Spinosa, de la Fiscalía Regional de Rafaela. También intervendrá la Policía de Investigaciones (PDI). Desde el Ministerio de Seguridad provincial anticiparon que se realizará una investigación “exhaustiva, concreta y profunda” y con la colaboración de los distintos equipos del gobierno provincial.
En esa línea, algunos funcionarios --como los ministros de Justicia y Seguridad, Pablo Cococcioni; de Educación, Goity; y de Igualdad y Desarrollo Humano, Victoria Tejeda-- se trasladaron a la localidad para seguir el caso de cerca y contener a una comunidad conmocionada.
El antecedente más reciente: Carmen de Patagones, 2004
El último caso de un ataque con un arma de fuego en una escuela argentina sucedió a fines de septiembre de 2004 en Carmen de Patagones, la ciudad más austral de la provincia de Buenos Aires.
Un estudiante de 15 años ingresó al Instituto N°202 “Islas Malvinas” de la localidad con una pistola de 9 milímetros y disparó en su salón. En el episodio murieron tres estudiantes y cinco resultaron heridos. Con la investigación, se descubrió que el agresor padecía esquizofrenia.