Ritual eterno

Rock en Baradero reunió multitudes y vibró bajo la lluvia

Entradas agotadas, público encendido y un cierre épico bajo la lluvia confirmaron la vigencia del festival en su primera jornada.

El regreso de Rock en Baradero volvió a confirmar que el género conserva intacta su capacidad de convocar y emocionar. Doce años después de su nacimiento, el festival volvió a convertirse en un punto de encuentro para miles de seguidores que agotaron las entradas y colmaron el predio desde la tarde. La atmósfera fue la de una celebración colectiva, con un público que se entregó a cada propuesta y convirtió la jornada en un ritual compartido.

La grilla se desplegó como un mapa vivo del presente del rock. Autos Robados y Camionero encendieron el arranque con potencia, mientras Las Pelotas y Guasones sostuvieron la intensidad con trayectorias que ya forman parte de la memoria colectiva del género. La Delio Valdés aportó su impronta festiva y La Vela Puerca desató una energía que hizo vibrar a la multitud.

El público acompañó cada propuesta con pogos, cantos y una entrega que no se apagó en ningún momento, reflejando la amplitud de estilos que conviven hoy en la escena y que, juntos, construyen un festival que se siente como una radiografía de la música nacional en movimiento

La noche trajo consigo un marco imponente. El predio, sin espacio libre, fue testimonio de que el rock conserva su poder de convocatoria. Y cuando parecía que la jornada había alcanzado su clímax, la lluvia irrumpió para transformar el cierre en un momento inolvidable. Kapanga, con su capacidad de conectar y capitalizar la épica, convirtió el aguacero en parte del espectáculo.

Entre truenos lejanos y guitarras al frente, la primera jornada dejó una certeza inapelable: el rock siempre está presente, se expande y se impone con la fuerza de una tradición que se renueva en cada encuentro.

Baradero volvió a ser la casa de miles de voces que demostraron que la mística del género sigue latiendo con más fuerza que nunca.

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